Catalejo

En un año se puede conocer nuestra historia

Mario Antonio Sandoval

Falta un año para celebrar los logros de la emancipación de España. Eso permite, si hay voluntad de autoridades y académicos, preparar programas de divulgación para conocer los hechos históricos, pensando en la perspectiva de la actual mayoría ciudadana, es decir quienes están en los años de primaria y llegan a la universidad y han formado familia. Es asignatura pendiente y debe ser escrita con rigor y al mismo tiempo con serenidad, porque todos tienen derecho y también obligación de comprender las raíces de nuestra realidad. Los acontecimientos iniciales ya tienen suficiente pátina, es decir ese tono suave provocado por el paso del tiempo, y los recientes otorgarán la urgente información de las motivaciones, causas y realidades actuales.

Toda historia está llena de episodios conocidos e ignorados parcialmente, valiosos y poco importantes, gloriosos y vergonzantes. Pero mientras más tiempo ha pasado, menos lágrimas provocará conocerlos, aunque se mantenga la indignación y la lamentación. Los hechos históricos no siempre pueden ser señalados e interpretados en fechas específicas, y son el resultado de largos procesos sociales, políticos, económicos, religiosos, a su vez causantes de acontecimientos culturales y militares, estos últimos con más facilidad de recordación y comprensión. Guatemala no puede ser la excepción y por eso, una de las tareas para conocer las fechas de las tres independencias de Guatemala, es tener claro el ambiente local e internacional de esa época entonces.

El Imperio Español estaba en crisis por las guerras napoleónicas. Habían tenido éxito la independencia de las colonias inglesas del norte de América y la Revolución Francesa, y de allí nacen las ideas de independencia. España luchó por no perder los virreinatos hispanoamericanos, ya en proceso de rebelión, y por eso allí se pelearon las batallas más importantes y surgieron todos los grandes próceres criollos como Bolívar, O´Higgins, Artigas, Sucre y, quien a mi juicio es el más importante: José de San Martín, todos ellos conocedores de las ideas europeas pero también de las tácticas de guerra españolas, sin olvidar al cura mexicano Morelos. En ese contexto, la Capitanía General de Guatemala tenía poca importancia, a pesar de haber sido la tercera urbe, después de México y Lima, en los aspectos culturales, pero no en los económicos.

Fue notoria la influencia de pocas familias terratenientes para quienes la población indígena solo era fuente de mano de obra, situación mantenida el resto del siglo XIX y mucho del XX, por motivaciones distintas. El acta de la independencia de 1821 se refiere a España, fue redactada por el hondureño José Cecilio del Valle y firmada por solo 12 de los 50 invitados, todos ocupantes de puestos públicos, como la Audiencia, el claustro de la universidad. También el colegio de abogados, el cabildo eclesiástico, el clero y los miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País. O sea, la crema y nata. Había dos periódicos. El Editor Constitucional, de Pedro Molina, era liberal, y El Amigo de la Patria, de José Cecilio del Valle, conservador. Nace así nuestra prensa política.

No sabían cómo gobernarse y pronto se anexaron al breve imperio mexicano, para mantener sus privilegios. Las demás provincias se enteraron poco después de la firma del 15 de septiembre, pero la élite conservadora otorgó el poder a Gabino Gaínza, quien pasó de ser capitán general a primer jefe de Estado. El 1º de julio de 1823 se firmó en el actual Musac el acta de independencia “de España, México y cualquier otro país”. En 1824 nació la República Federal de Centro América, de agitada vida. Tras 24 años, el 21 de marzo de 1847 nace Guatemala independiente. Esto debe ser materia de un relato de nuestra vida, basado en libros como Historia de Guatemala, de Jorge Luján Muñoz y sus colaboradores, 1999, o de La Patria del Criollo, de Severo Martínez Peláez, 1970.