POR LA LIBERTAD

Época de paz y amor

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A 10 días de Nochebuena, quiero hablar de esta época, una de paz y amor. Tal vez sirva para que reflexionemos algunas cosas en las que podemos mejorar. Lo que escribo lo hago principalmente pensando en mí mismo, en mis seres queridos, en compañeros de trabajo, de deportes, pero también en aquellas personas que no conozco pero me topo en la calle día a día, en el tráfico, en un almacén, en el supermercado o donde sea que me encuentre y coincida con otras personas.

' Si tan solo practicamos la empatía podemos llegar a evitar tantos momentos álgidos y alegrarnos la vida, así como la de los demás.

Ramón Parellada

¿Se han dado cuenta de que la gente anda con prisas y muchas veces enojada? En el tráfico es increíble cuán irritada está la gente. Es verdad que es para desesperarse por momentos, pero las reacciones del enojo provocan más enojo, tensión, malestar, incomodidad, ansiedad y otros malestares que se pueden evitar. El enojo es una emoción natural que ocurre por diferentes razones y que actúa como un mecanismo de defensa del cuerpo ante ciertas amenazas reales, sentimientos de frustración, ofensas que nos hieren por parte de aquellos a quienes amamos y nos importan mucho, o nos sentimos ignorados o, peor aún, injustamente tratados. Pero la mayoría de las veces, las amenazas son irreales, inexistentes, imaginarias, y enojarse provoca heridas profundas en los demás, en aquellos a quienes amamos.

Cuando nos enojamos sin razón válida culpamos a los demás justificando nuestros errores evadiendo nuestra responsabilidad. Lo malo es que en el momento no nos damos cuenta si la razón de nuestro enojo es real o no, es imaginaria o no. Como seres humanos que somos, esperamos de los demás ciertas actuaciones que al no darse nos sacan de nuestras casillas. Como si el otro supiera lo que pensamos. Como si los demás siempre tuvieran que actuar acorde a nuestras expectativas. No es así en realidad. Si yo espero algo de alguien y no actúa como espero, no es para enojarse, sino para dialogar. Es importante entender que somos diferentes, que de acuerdo con circunstancias de tiempo y lugar pensamos de manera distinta y basta un poco de empatía para evitar esos enojos imaginarios y evitar momentos amargos en nuestras vidas. No siempre se puede y se debe evitar el enojo pues hay situaciones en las que es necesario pero si podemos aprender a manejar, a controlarlo para evitar una cadena de errores y heridas de las que luego nos arrepentimos y son más difíciles de sanar.

Como esta es una época de paz y amor, una en la que todos estamos más sensibles y empáticos, considero que es importante reflexionar sobre cómo hacer para evitar esos enojos innecesarios. Qué agradable es llegar al trabajo y encontrar a todos con una sonrisa, saludándote amablemente todos los días en vez de ver caras serias y amargadas, por los problemas que cada uno tenga en sus vidas privadas. El ambiente de trabajo cambia y se hace más productivo y agradable cuando estamos de buen humor y con una actitud positiva. A veces no es fácil dejar de enojare. Pero no es imposible, es algo que con el tiempo y la práctica lo aprende uno, a dejar de enojarse por las cosas que no valen la pena molestarse e incomodar a los demás. Pienso de nuevo en colocarnos en el lugar de los demás. Si tan solo practicamos la empatía podemos llegar a evitar tantos momentos álgidos y alegrarnos la vida, así como la de los demás.

En esta época, propongámonos practicar la paciencia y la empatía de aquí a Nochebuena y pasar una Navidad maravillosa. Luego, hasta Año Nuevo, y así… cada mes hasta que se vuelva un sano hábito en el que podemos controlar todas aquellas causas irreales o imaginarias de potenciales enojos. Nuestras vidas cambiarán y la de los que se relacionan con nosotros también.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).