Aleph

Escuchar activamente a cada pobre

Carolina Escobar

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Precisan alimento, trabajo, educación, salud y techo, pero sobre todo están urgidas de dignidad. Las personas que viven en la pobreza son despojadas de todo desde antes de nacer, lo cual las deja con pocas elecciones para cambiar su situación de una generación a otra. Pero lo peor es que no existen, porque en los lugares “importantes” nadie las escucha. “Pocos nos oyen, creen que porque somos pobres no sabemos ni qué queremos”, me dijo hace ya algún tiempo Raquel, una mujer de Cuarto Mundo que lleva años nombrando y trabajando la esperanza para cambiar el mundo de miseria en el cual les tocó nacer a ella, a su familia y a tantos más antes que ella.

Las personas pobres no son un cliché: ni son dignas de lástima ni son solo ejemplos de superación. Ellas han de ser consultadas sobre sus deseos e ideas, porque son fuentes de conocimiento. El fundador de Cuarto Mundo, Joseph Wresinski, soñó con erradicar la pobreza, estableciendo un orden distinto al del “Tercer Mundo”. “La miseria es obra de los hombres, y solo los hombres pueden acabar con ella”, dijo. Cuarto Mundo impactó en Francia después de la II Guerra Mundial, cuando Wresinski vivió entre los más pobres, promoviendo transformaciones profundas en la manera de reconocerlos y tratarlos. En 1987 develó la placa conmemorativa de Cuarto Mundo en Trocadero, Plaza de los Derechos Humanos en París. Cinco años más tarde se instauró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y hoy ATD/Cuarto Mundo es un movimiento que reúne a personas de todas las condiciones, creencias, nacionalidades y culturas en más de 30 países. Como organización internacional, está dotada de estatuto consultivo con Ecosoc, Unesco, Unicef, OIT, el Consejo de Europa y la Unión Europea. Me considero afortunada al ser aliada del movimiento en Guatemala y pertenecer al Comité Internacional.

En la Universidad de Oxford se desarrolla desde hace un par de años una investigación con Cuarto Mundo/Bolivia, para identificar las dimensiones de la pobreza, con el fin de contribuir a erradicarla. En Guatemala, Cuarto Mundo está presente desde 1979 en varios departamentos, con iniciativas como las bibliotecas de campo, las acciones educativas, los comedores nutricionales, las farmacias comunitarias, y muchas acciones más que priorizan estratégicamente el trabajo con personas y familias que viven en situación de pobreza. Y Esther Duflo, la mujer que acaba de ganar el Premio Nobel de Economía por sus estudios sobre la reducción de la pobreza en el mundo, trabajó con ATD/Cuarto Mundo varias veces.

Hoy es —otra vez— 17 de octubre y hay millones de personas en situación de pobreza. En el marco de la adopción de la Convención de los Derechos del Niño, hace 30 años, ahora se dedicará a la niñez en esta situación. Siendo los más vulnerables entre los vulnerables, aterra pensar que “para 2030 alrededor de la mitad de las personas extremadamente pobres del mundo vivirá en situaciones de fragilidad, conflicto y violencia”. (BM)

Consideremos el modelo económico que determina la exclusión de millones de personas que apenas sobreviven cada día. Consideremos la aporofobia, que tiene a tantos rechazando y temiendo a los pobres. Consideremos los conflictos futuros por el agua, los alimentos y otros recursos. Consideremos la corrupción en países como Guatemala, “actualmente sexto país del mundo, con los peores índices de malnutrición infantil”. (Unicef, 2018). Y sabremos todo lo que queda por hacer.

Desde la economía de la pobreza, muchos “expertos” ofrecen recetas milagrosas para erradicarla. Pocos han entendido las vidas de los pobres a partir de ellos mismos. Una persona pobre, para ser digna, debe ser la voz que nombre su propia experiencia y ejercer su derecho a elegir; debe votar para levantar democracias y hacerse un lugar en el mundo, y creer que algún día estará en los lugares donde se gestiona el futuro de su país. Debe pues, ser persona.