Catalejo

Falta de resultados mantendrá la tensión

Mario Antonio Sandoval

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Poca duda había: no se pudo saber anoche el resultado de las elecciones de Estados Unidos, como consecuencia de las peculiaridades —muchas veces difíciles de entender— de su sistema electoral, ahora conocido prácticamente en todo el mundo, preocupado por las diferencias. Es arriesgado predecir el resultado porque hasta los conocedores en ese país hablan ya de un lapso de muchos días, lo cual significaría el mantenimiento e incluso incremento de la crisis provocada por el desarrollo de la campaña, embarrada por insultos, exageraciones y mentiras difundidas sobre todo por las redes sociales y por “netcenters” contratados o voluntarios irresponsables e incapaces de valorar las consecuencias al actuar de esa forma.

Al momento de escribir esta columna (22 horas de ayer) aún era arriesgado predecir un ganador. Biden iba temporalmente a la cabeza de los votos populares, pero estaba lejos de llegar a los 270 votos electorales necesarios. Por eso, Trump no está fuera de la lucha debido al sistema de este tipo de votos, como en 2015, e incluso podría sucederle lo contrario. No saberse tampoco el resultado en la totalidad del Congreso y el Senado impide analizar las posibilidades del nuevo gobierno. Si un partido gana las dos cámaras y además la Presidencia, tendrá una aplanadora a favor o en contra de quien llegue a ocupar o siga ocupando la Casa Blanca. De ocurrir lo contrario, el poder interno presidencial se verá reducido al estar obligado a negociar en todo.

Estas elecciones han aumentado la atención del mundo por la posible violencia extremista a causa de resultados tardíos y la inusitada virulencia del proceso, y el incomprensible silencio, tanto demócrata como republicano, para condenarla. A causa de esta extrema radicalización de gente demócrata y republicana se debe pensar en las acciones urgentes por tomar para evitar la fractura y hasta la división interna de ambos partidos. Tal tarea es más necesaria, pero no exclusiva, de los republicanos moderados, debido a la manera en que ha ejercido Trump su mandato. La gravedad de la situación se ejemplifica en Washington con la cobertura de vitrinas, y en New York con episodios súbitos de violencia entre transeúntes.

Las capacidades personales presidenciales y vicepresidenciales se convierten en indispensables, y pueden ser un arma útil si un mandatario amarrado de manos logra ganar la batalla de la opinión pública, para lo cual es preciso tener una buena relación con los medios informativos, diametralmente opuesta a la permanente confrontación personal de Trump por su visceral rechazo a toda crítica y a considerar noticia falsa a toda aquella distinta a la oficializada verdad del gobierno o de él mismo. Cuando se sepan los resultados será posible analizar si hubo aumento, y cuánto, en la respuesta popular a los llamados de asistir a las urnas. Este dato no tiene importancia inmediata, pero mientras más pronto se sepa podrá conocerse mejor al Estados Unidos de hoy.

Los comicios de ayer fueron el resultado tal vez inconsciente del deseo de ganar y del temor de perder en el campo social. La campaña en ambos casos se basó en infundir fuerza al miedo y a la personificación del mal en el adversario, convirtiéndolo así en enemigo, base del llamado voto de castigo o voto en contra. El partido ganador deberá replantear sus posiciones, ahora exacerbadas por el ingreso a la contienda electoral de elementos extremistas. Mientras no haya resultados oficiales permanecerá la ansiedad causada en todo el mundo por estos comicios tan atípicos, por decir lo mínimo. A los guatemaltecos nos interesa conocer, sobre todo, cómo actuará el presidente electo o reelecto para eliminar los malos tratos a las familias de connacionales forzados a emigrar.