Liberal sin neo

Final deslucido y optimismo obligado

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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No me uno a los insultos y diatribas. No podía esperarse mucho de Jimmy Morales, un candidato improvisado que no contaba con una visión sobre la dirección del país o plan de gobierno con estrategia y políticas para alcanzar fines concretos. Creo que sus mayores triunfos fueron evitar que llegara al poder Sandra Torres o Alejandro Baldizón y que entregara el poder en una sucesión constitucional ordenada, logros que no deben ser menospreciados.
Trasladó la embajada a Jerusalén. Le ganó el pulso a Iván Velásquez y la Cicig, hecho que para unos fue tragedia y para otros, triunfo. El gobierno de Morales no realizó una reforma —puñalada— fiscal y la economía del país mantuvo su anémico ritmo de crecimiento. No logró mayores avances en temas de seguridad, corrupción, educación o salud; unos pocos en infraestructura. Hay indicios de que se está reconstituyendo el saqueo altamente organizado que caracteriza al ejercicio de gobierno. Las aduanas, compras, licencias y autorizaciones, plazas; a todo quetzal que pasa, el sistema le arranca plumas.

Creo que hay motivos para tener al menos tímido optimismo con el nuevo gobierno de Alejandro Giammattei. Primero, por el tradicional beneficio de la duda, solo el tiempo permite juzgar en base a hechos y actos. Al haber obtenido una mayoría respetable en segunda vuelta, merece un breve respiro. Segundo, la campaña que realizó y la actividad que ha mantenido desde su elección denotan energía, vigor y capacidad ejecutiva, cualidades valiosas para ejercer el puesto. También ha mostrado carácter. Tercero, aunque su plan de gobierno está plagado de los acostumbrados verbos políticos como promover, impulsar y fortalecer, identifica problemas con claridad y propone algunas políticas concretas. Finalmente, según se desprende de su plan de gobierno, titulado “Plan Nacional de Innovación y Desarrollo” (Planid), Giammattei se inclina por la economía de mercado y la libertad individual. Ojalá sus políticas se apeguen a sus propias palabras: “Creemos que el mejor programa social es un empleo digno y sostenible”.

Ha manifestado como objetivo alcanzar un crecimiento de 6% anual de la economía, facilitar la apertura y cierre de empresas, poner plazos máximos a trámites y permisos con resolución a la inversa y simplificar trámites burocráticos. Apoya la flexibilidad laboral y los salarios diferenciados. Con un vicepresidente coordinador del gabinete económico que viene de ser director ejecutivo de la Cámara de Comercio y un ministro de Economía que hace poco fue presidente del Cacif, es razonable tener la expectativa de un tenor amigable a la actividad productiva.

La semilla del pesimismo asoma la cabeza por la realidad que enfrentará el nuevo gobierno. La competencia feroz por los recursos escasos del erario pronto lo hará pensar que “no alcanza”, podría introducir una puñalada fiscal y buscar aumentar los impuestos. Si quiere alcanzar su meta de crecimiento económico, recomiendo reducirlos. Joviel y los sindicatos lo extorsionarán, la “sociedad civil” y las ONG, así como las hordas de burocracia clientelar, acumularán exigencias. Las mafias pronto tratarán de encerrarlo en su anillo. Tendrá que lidiar con un nuevo Congreso, dividido, ansioso de promover sus negocios, colocar costosos túmulos a cualquier iniciativa y ganar protagonismo a su expensa. Son muchas las manos queriendo arrancarle plumas a cada quetzalito.

El formidable sistema rápidamente pondrá a prueba al Dr. Giammattei, tendrá que resistir su furia y mieles, mientras propone y avanza. Dele duro y no defraude, ponga a Guatemala en buen camino.