Liberal sin neo

Individualismo: el verdadero y el falso

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Este es el título de una charla brindada por Friedrich Hayek en el University College, en Dublín en diciembre de 1945, y posteriormente publicado como un capítulo de Individualismo y orden económico (Individualism and Economic Order), en 1946. Siempre preocupado por descubrir la naturaleza y origen de principios generales de la conducta humana y social, en contraposición al relativismo en las ciencias sociales, en este artículo Hayek examina dos tradiciones divergentes de pensamiento individualista. Ninguna de estas dos tradiciones, por cierto, parte de la premisa que “solo el individuo importa” o es una apología del egoísmo.

El verdadero individualismo que Hayek describe pertenece a la tradición intelectual de John Locke, Bernard Mandeville y David Hume, y “alcanzó verdadera relevancia en el trabajo de Josiah Tucker, Adam Ferguson, Adam Smith” y Edmund Burke, así como “los historiadores y filósofos políticos Alexis de Toqueville y Lord Acton”. Esta tradición de individualismo se contrapone al racionalismo cartesiano francés de los enciclopedistas, Rousseau y los seguidores de Bentham, más asociados con la “ingeniería social”. En el fondo, lo que se contrapone en estas tradiciones es un abismo entre el orden social que produce la interacción voluntaria entre las personas y el orden social diseñado deliberadamente para dirigir a las personas hacia los objetivos del diseñador, o la diferencia entre el orden espontáneo y el orden deliberado. “La colaboración espontánea de los hombres libres a menudo crea cosas que son más grandiosas de lo que sus mentes en forma individual pueden llegar a abarcar por completo”, opuesta a la idea de Descartes de la superioridad de lo diseñado o realizado “por un solo maestro”.

Refiriéndose a Adam Smith, Hayek aventura su opinión: “pienso que para todos los efectos prácticos aún se puede aprender más sobre el comportamiento de los hombres en La Riqueza de las Naciones que en la mayoría de los más pretensiosos tratados modernos sobre la psicología social”. El autor propone que “el mérito principal del individualismo que él —Smith— y sus contemporáneos defendieron, radica en que es un sistema en el cual los hombres malos pueden provocar un mínimo daño”. Es decir, entre más poder pueda tener uno sobre otros, mayor es su capacidad para hacer el mal, ya sea deliberadamente o por error bajo su propia idea de hacer el bien. El verdadero individualismo, entendido como el orden social que descansa sobre la relación voluntaria entre las personas, sin coerción o privilegios, produce mejores resultados y sobre todo, menos daño, que un orden de vidas dirigidas para lograr los objetivos sociales de “los buenos y los sabios”.

La principal conclusión práctica del individualismo, dice Hayek, “es la exigencia de una estricta limitación de todo poder coercitivo o exclusivo”. Sobre la igualdad, tema muy vigente: “Existe una enorme diferencia entre tratar a la gente con igualdad e intentar igualarlos. Mientras que lo primero es a condición de una sociedad libre, los segundo significa, como lo describe De Toqueville, una nueva forma de esclavitud”. Cita una reflexión de Acton sobre la Revolución Francesa: “la gran oportunidad jamás dada al mundo fue desbaratada porque la pasión por la igualdad hizo vana toda esperanza de libertad”.

En el último párrafo del artículo, Hayek nos recuerda que “el individualismo nos enseña que la sociedad es más grande que el individuo solo en cuanto ella sea libre. En tanto esté controlada o dirigida, queda limitada a los poderes de mentes individuales que la controlan o dirigen”.