Catalejo

Fue un asesinato con posibles elementos ocultos

Mario Antonio Sandoval

Al conocerse del inhumano asesinato de Domingo Choc, de 55 años, en una remota aldea petenera de Chimay, a causa de un horripilante video con las imágenes de la víctima corriendo luego de haber sido rociada con gasolina e incendiada, se pensó en tratarse de un linchamiento, o sea un asesinato tumultuario de alguien considerado sospechoso de alguna acción castigable. Pero ayer el caso dio un vuelco al conocerse otro video, en el cual Ovidio Ramírez Chub, de 24 años, capturado por la policía, confesó haber lanzado gasolina a la víctima, sin dejar claro si alguien más participó. La razón, dijo, fue porque el asesinado causó la muerte de su padre, ocurrida un par de días antes. Es un asesinato de enorme crueldad, pero debe ser investigado con otros criterios.

La acusación contra la víctima consistió en considerarlo brujo. En realidad, era un experto en medicina natural, colaborador de investigación universitaria sobre este tema, con el fin de preservar elementos culturales ancestrales. La acusación de brujería me llama la atención porque en la cultura indígena es general la aceptación de la existencia de la brujería, aunque esto cada vez se reduce como consecuencia del abandono de esta antigua práctica por el avance de creencias cristianas no católicas y sobre todo en los pequeños centros de oración en ranchos o casas muy precarias, dirigidas por personas con pocos conocimientos de las profundidades del milenario pensamiento bíblico, tan fácil de interpretar de maneras distintas y hasta contradictorias.

Llama la atención también la inamovilidad de quienes atestiguaron el crimen, cometido a plena luz del día y en un sitio probablemente utilizado como cancha deportiva. Todos estos factores obligan a las autoridades judiciales a actuar con celeridad, porque a todo el país le conviene dejar claro esto: se trata de una acción individual, irracional, en la cual las etnias indígenas no deben ser acusadas, pero hay posibilidades riesgosas en otros lugares del país y con grupos étnicos diversos y antagónicos, como Nahualá y Santa María Ixtahuacán, con la diferencia de participar etnias no solo distintas sino antagónicas. Esto último no tiene relación con factores puramente religiosos.

Gracias a la celeridad de la captura policial, se eliminó considerar el hecho como ejemplo de racismo, al tratarse de personas de la misma etnia. Incluso existe la posibilidad de ser el coronavirus el responsable de la muerte del padre del asesino confeso. Lo religioso es tan individual como cada quien. Escoger entre el mal y el bien es también individual. Las autoridades religiosas deben poner especial énfasis, para no creer necesariamente malo, o bueno, a quien profesa una creencia diversa. Otro factor peligroso es la superstición, extraña a la razón. En lo personal, me parece aceptable la idea de existencia de la brujería, parte del Mal y contraparte del Bien. Pero no por ello es diabólica alguna acción incomprendida debido a la ignorancia y fanatismo. Pero eso es tema de otro artículo.

A mi juicio, ese hecho no engrosará los miles de casos de impunidad. En lo puramente político, Guatemala ha tenido libertad de cultos como subproducto de la Revolución de 1871, pero es un hecho indudable la desafortunada injerencia de la filiación religiosa como un factor para escoger a quienes dirigen el país por votación o nombramiento. Decir esto no es apoyar el ateísmo, y su negación de la existencia de Dios. sino simplemente recordar la calidad de laica de la república guatemalteca como tal, dejando la oración a la divinidad Dios como una decisión personal. La muerte de Domingo Choc abrió la puerta a señalar y discutir elementos no relacionados con un asesinato y es un caso causante de sorpresas dolorosas acerca de cómo es vista la cultura indígena por sus miembros.