Catalejo

Giammattei ya no tiene ninguna alternativa

Mario Antonio Sandoval

Alejandro Giammattei volvió a caer en la mentira, una notoria característica de su forma de ser. Anunció su decisión de reunirse ayer desde las 10 horas con instituciones nacionales para discutir cambios al Presupuesto 2021, pero luego dijo que “no hay tiempo para plantear una nueva propuesta”. Desde antes del mediodía, dos de estas entidades ya habían anunciado su decisión de retirarse. Se les daba diez minutos para hablar, y esto se agrega a la serie de engaños presidenciales y de su equipo. Mientras, la directiva del Congreso había decidido no enviar el texto aprobado, pero eso puede ser ilegal porque no participó el pleno del Parlamento. Entre otras falsedades están la promesa de salir del Parlacén y el respeto a los reporteros de medios de comunicación independientes.

Al analizar los artículos escritos desde esa aprobación por los comentaristas de esta prensa, se nota cómo las diferencias de criterio político, económico o ideológico no son el punto central. Ayer esas columnas hablaron de la necesidad de priorizar el gasto público, luchar contra la corrupción, el dispendio y el saqueo del dinero público. También de la inutilidad de un gasto público sin impacto en las condiciones de vida, pero con proyectos superfluos, no efectivos y mal hechos. Ese gasto solo garantiza el apoyo político a funcionarios corruptos. No hay partidos, sino hordas políticas. Y el Congreso se integra con listados de desconocidos. De los 115 diputados firmantes gracias a un pacto oscuro, solo conozco o he oído de seis, y por acciones imperdonables.

Algunos analistas hablan de la necesidad de reformar el Estado, pero esto no es posible porque lo harían los mismos pseudopartidos, los impresentables metidos en el Congreso, y eso obliga a llamar a ciudadanos probos. Las leyes necesitan análisis desde su espíritu, no su letra muerta. Se debe repetir el experimento cívico-político de declarar depurables a un alto porcentaje de funcionarios, cuyas acciones obligan a castigarlos con la pérdida del derecho de participar en partidos, ejercer cargos, en una purga indispensable para detener el retroceso nacional en todos los órdenes. Es requisito una sólida valentía cívica para cumplir el refrán de no colocar a los mismos abusadores y corruptos a buscar cambios. Los precedentes pueden y deben ser creados.

Giammattei se encuentra además en un serio problema adicional. Desde su toma de posesión han pasado 316 días, el 21.6 por ciento de su período. Tal vez solo el impresentable Jimmy Morales se haya desprestigiado tan rápido y pareciera ser imposible su permanencia otros 1,145 días si no deja la terquedad, el mal modo y la debilidad de carácter para tomar las decisiones convenientes para el país. Su desprestigio ha sido aumentado gracias a las redes sociales, donde se han repetido sus propias palabras al exigir la renuncia de Otto Pérez Molina, sus promesas incumplidas y sus insultos a sí mismo respecto de su paso por la Presidencia. Ya es evidente su conocimiento y mandato al despiadado ataque de los agentes antimotines contra ciudadanos pacíficos en la Plaza de la Constitución.

Internacionalmente ha sido destacada la petición sin precedentes del vicepresidente, pero solo del mandatario. Dentro del país, su relación personal con el mandamás del Centro de Gobierno ya ha sido tema de declaraciones públicas, porque es válida la mención a su vida privada, mezclada con la pública. El poder muchas veces implica soledad, pero también amistades falsas. Perdió su dignidad personal y la del cargo, junto con los diputados, los ahora integrantes del Tribunal Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público. Guatemala necesita de cambios fundamentales preparados por personas dignas. Las hay, pero no se les puede llamar a unirse con malandros. Lo mejor es su salida voluntaria.