Catalejo

Hace dos años comenzó esta farsa politiquera

Mario Antonio Sandoval

Publicado el

Dos años se cumplen hoy de la toma de posesión de Alejandro Giammattei. Lo ocurrido en ese tiempo permite sacar válidas y lamentables conclusiones acerca de su personalidad político-personal y sus efectos en la forma de gobernar. El electorado no lo conocía; solo sabía de él por su paso por el cuerpo de Bomberos Municipales en tiempos de Arzú y su obsesión por llegar al primer puesto político del país, pese a la ausencia total de un equipo y de una ideología, sus tendencias al autoritarismo, su rechazo a toda crítica, su incapacidad de buscar colaboradores aceptables y falta de experiencia en gobernar. Un ilustrativo ejemplo de cómo es realmente lo constituye la foto de una joven indígena besándole la mano empuñada y recibiendo a cambio un gesto hosco y de superioridad.

Se niega a aceptar la verdad de no haber logrado votos propios, sino los sufragios de quienes tenían claro el pésimo futuro de una Guatemala presidida por Sandra Torres. Peor aún, los discursos de campaña incluyeron gritos destemplados, rodeados de gestos altivos con sus manos somatando mesas. Su constante petición de bendiciones divinas lo colocó en el mismo lugar de Jimmy Morales para continuar la falsía, ineptitud y dudosa moralidad de su antecesor. Poco después, la pandemia le permitió realizar el acto más inmoral de corrupción en nuestra historia, al haber jugado con la salud de la población al adquirir y ahora repetir vacunas de dudosa calidad y precio exorbitante. Es una de las varias estafas políticas cometidas, porque había prometido combatirla.

Su mal genio, más la falta de gente capaz a su alrededor, debilitó las relaciones con países importantes para Guatemala, como Estados Unidos y los europeos. Destacó su decisión de ir a Washington mientras se desarrollaba la cumbre convocada por Joe Biden, a la cual no fue invitado, pero en un gesto de chaquetería frente a los republicanos hizo un comentario burlón contra el mandatario de EE. UU. Son detalles, dirán algunos, pero importantes porque en su banalidad son significativos. En esto también se debe mencionar al ahora desaparecido vicepresidente Guillermmo Castillo, quien está pagando la osadía de no acatar los caprichos un funcionario removido y luego reubicado, pero siempre cercano al poder y con una innegable influencia.

El Congreso, ante la pandemia, le autorizó erogar Q1,500 millones para combatir la emergencia sanitaria. Adquirir a una empresa cuasifantasma las vacunas rusas y al doble del precio de las producidas por empresas conocidas fue una acción irracional y malintencionada, notoria, además, por su tortuguismo. Solo se ha logrado hacer algo debido a las donaciones de países amigos, como Estados Unidos y España. Tampoco se puede dejar de lado el contrato para la explotación de minerales raros en Izabal, cuyo efecto ecológico será terrible. Se antepone el beneficio de corruptos a salvar vidas y naturaleza. Pero la corrupción puede señalarse también como miles de agujeros de todos tamaños que horadan un buque, y por ello a punto de naufragar sin posibilidad de evitarlo.

El único objetivo de Giammattei en estos últimos dos años que le quedan de mandato es asegurar el contubernio con quienes se benefician al gobernar como se hace ahora, a veces hasta con fantochadas, como lanzar una moneda al aire en el caso de Nahualá y Santa Catarina Ixtahuacán. Debe ponerse a buen resguardo y para ello cuenta también con ínfimos dizque partidos y un complaciente Tribunal Supremo Electoral, pronto receptor de Q500 millones para actuar sin control. En esas circunstancias, me parece justificado conocer los motivos de Asíes, Fundesa, Ipnusac y el poco conocido Cindere para calificar al gobierno y su gabinete. A mi criterio, este régimen giammatteísta, el de Morales y el de Colom-Torres son los peores gobiernos, seguidos de cerca por todos los demás, con su corrupción pertinaz y tormentosa. Sin un cambio drástico en la política, el país no tiene posibilidad alguna.