Liberal sin neo

Hay bastante que aprender del proceso

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

El mensaje para Sandra Torres fue contundente: no gracias. La organización política, disciplina partidaria y reconocimiento de nombre que la pusieron a la cabeza en la primera vuelta, no fueron suficientes para sobreponerse al antivoto y rechazo en la segunda vuelta. Los votos obtenidos por Torres en el balotaje aumentaron tan solo 16.6%, mientras que Alejandro Giammattei triplicó el caudal de votos.

Menos personas votaron en el 2019 que en el 2015 en términos brutos y como porcentaje del padrón. Habrá muchos motivos para explicar la disminuida participación, pero seguramente uno de los principales culpables es la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), que además de imponer una camisa de fuerza a la actividad proselitista, creó mucha incertidumbre y otorgó exceso de discrecionalidad al TSE. Les dio fuerte ventaja a los candidatos mejor conocidos, cerró la llave de la propaganda en medios y disuadió aportes legales de recursos a las campañas.

El período de campaña fue corto y previo a su inicio los medios se inhibieron de dar cobertura y hacer reportajes y entrevistas, por temor a caer en la trampa de campaña anticipada. Aún no logro entender cómo se concilia la garantía fundamental de libertad de expresión con la mordaza de campaña anticipada. Si Juan Chapín se quiere parar hoy en la banca de un parque y pedirles a los vecinos su voto en las elecciones del 2023, no veo por qué debe vedársele el derecho de hacerlo. A todos molesta el exceso de ruido electoral, pero es esencial a la democracia y a la libertad de expresión.

Otro factor que creó incertidumbre y menguó el entusiasmo de los votantes fue la judicialización de las candidaturas de Zury Ríos y Thelma Aldana, inhabilitadas a última hora por la CC, mientras se disputaban el segundo lugar de preferencia entre el electorado. Es un síntoma más que las sillas en la CSJ y la CC son piezas en el ajedrez político y los magistrados resultan ser actores políticos. Resalta la urgente tarea de sacar a la política del sistema de justicia y evolucionar al mérito, trayectoria, preparación, idoneidad y, especialmente, independencia.

El proceso y los resultados de la primera vuelta fueron opacos. El chivo expiatorio fue el gerente de informática del TSE, pero a la fecha no se aclara la discrepancia entre actas y resultados ni se ha producido una explicación satisfactoria de las irregularidades. Mientras unos claman fraude, otros señalan incompetencia; en cualquier caso el producto fue falta de confianza en el proceso y baja participación.

La segunda vuelta se llevó a cabo de manera ordenada y pacífica y es positivo que el resultado no dejó lugar a dudas; con más de 15 puntos porcentuales de ventaja, hay un claro ganador. Hay mucho aprendizaje en las elecciones 2019. La LEPP sufre de exceso de ingeniería regulatoria contraproducente que supone ventajas para algunos jugadores, crea grandes lagunas de incertidumbre e inhibe la participación cívica. El puesto les quedó grande a los magistrados del TSE, tanto en el aspecto puramente técnico como en la forma en la que manejaron la suerte de crisis que se produjo en la primera vuelta.

No es sano un sistema que provoca tanta atomización de partidos y candidatos. Es necesario cuestionarse por qué el sistema no produce la maduración, evolución y permanencia de partidos políticos; prácticamente todos terminan por ser estrellas fugaces alrededor de caudillos. Los partidos no son identificados por principios ideológicos y plataformas programáticas, sino por las personas que los lideran. Es necesario cambiar el sistema, no da para más.