Catalejo

Ideología, no capacidad

Mario Antonio Sandoval

Las palabras del diputado Álvaro Arzú Escobar no dejan lugar a dudas. En su intervención del miércoles, poco antes de escoger a Dina Ochoa y a Luis Rosales como representantes del Congreso en la Corte de Constitucionalidad, este aún inexperto representante del conservadurismo guatemalteco lo dijo sin tapujos y lo dejó claro: la lucha por integrar la CC no tiene relación alguna con pelear contra las mafias, el crimen organizado o la corrupción. Es una batalla ideológica porque los izquierdistas, con algunas excepciones, temen una derrota al llegar personas integrantes de la mayoría nacional, “conservadores y cristianos”. La lucha contra la corrupción “es una fachada”.

A mí me ponen incómodo estas palabras, porque mezclan religión con política. Se puede ser cristiano sin ser conservador y viceversa. Enfrentarse a la corrupción es una actitud de conciencia, en primer lugar, a la cual se agregan criterios políticos, no politiqueros. Tiene razón en cuanto al abuso absurdo de la figura del amparo, al punto de haber convencido a muchos a ponerle marcos para evitar el libertinaje provocado por la falta de límites. Pero de eso son culpables quienes integran las filas de ambos segmentos del politiquerismo nacional, con su clientelismo, nepotismo y ausencia de principios, todo lo cual pone al país en el riesgo de caer en manos de una versión chapina de Bukele.

Lo expresado por Arzú Escobar solo puede interpretarse como la aceptación y anuncio de cómo serán las decisiones de la CC y, casi con seguridad, de la Corte Suprema de Justicia. No tendrán relación con la ley aplicada sin intenciones ocultas, ajenas a los principios jurídicos, sino que las provocará el criterio ideológico, y sin duda alguna puede estar enmarcado dentro de la venta de sentencias, o la obligación de obedecer a quienes marcan la ruta entre bambalinas o abiertamente. Por eso no ha cambiado nada, de hecho. Ahora, los criterios ideológicos son los predominantes, y la diferencia con este nuevo proceso será el cambio de quienes en realidad controlan al aparato legal del país.

 

OEA censura a Bukele

La Organización de Estados Americanos, con su informe sobre la actuación del gobierno salvadoreño y especialmente de Nayib Bukele, le dio la razón a quienes no niegan esa victoria electoral, pero ve con preocupación cómo actuará ya con el poder total. El informe presentado por ese alto organismo americano no deja dudas, al calificar de “notoria” la masiva campaña electoral del régimen y de quien lo encabeza, después de haber legalmente concluido el tiempo electoral, con el uso de los medios de difusión oficiales, todo lo cual contribuyó al ambiente de peligrosa polarización preelectoral. En suma, es una muestra de cómo seguirá actuando el nuevo populista del continente americano.

Bukele despierta desconfianza y temor porque se evidencian sus verdaderas formas de actuar. Según el columnista Méndez Vides, “ahora se esperan grandes resultados o desilusión”, y señala con preocupación “la pose carismática, utilizando una gorra al revés tipo marero”, además de indicar la “bandeja de plata” con la cual los desesperados votantes acabaron, a causa de sus abusos, con el bipartidismo Arena-FMLN nacido desde la firma de la paz. Señala también el peligro de “caudillismo”, palabra relacionada con la dictadura de Francisco Franco, que se extendió por 36 años. Obviamente, no deja de ser paradójica esta posibilidad a punto de convertirse en realidad.

Si decide actuar con la serenidad propia de una incipiente madurez, Bukele puede hacer historia. Pero eso significa no cambiar la Constitución ni autorizar la reelección, porque quedaría en el lado del venezolano Maduro y del colombiano Uribe, de contrarias ideologías pero hermanados en esa idea, tonta si no se le ve como un anticipo de dictadura, o en extremo inmoral si el deseo es gobernar como si se tratara de una trasnochada monarquía absoluta tropical. Para bien de El Salvador y todo el Istmo, tiene obligación de actuar como estadista, pensando en la actual y siguientes generaciones, no como politiquero, obsesionado con ganar a toda costa las elecciones gracias a burlas y rompimientos a la ley.