Catalejo

Imposibilidad de lograr los tan urgentes cambios

Mario Antonio Sandoval

Conforme se acerca inexorablemente la fecha del inicio de la campaña electoral, el interés de los guatemaltecos se centra en pensar o desear quiénes de los candidatos lograrán pasar a la segunda ronda, para posteriormente preocuparse en votar en contra de uno de ellos, con la idea de evitar el mal mayor para el país. De las siete elecciones realizadas entre 1985 y 2015, esa ha sido la motivación principal y por ello los males para el país han avanzado en forma inmisericorde hasta llegar a la actual situación, con un régimen empeñado en lograr lo imposible: el retroceso a otras situaciones históricas, por tanto irrepetibles. Es necesario entonces pensar si es posible lograr un avance o al menos detener el espectacular deterioro del país.

Menciono imposibilidad porque no hay tiempo, literalmente, para explicarles a los ciudadanos cuáles deben ser las nuevas razones para escoger un candidato. Ya no se trata de “me cae bien”, “es el hombre (o la mujer) llamados por algún ser sobrenatural para arreglarlo todo”, “se necesita alguien con cero experiencia en política”, y un largo etcétera. Se trata de analizar, más allá de todo eso, cómo los candidatos son percibidos en la comunidad internacional, factor de mayor importancia ahora a causa de la colección de errores y ejemplos de incapacidad otorgados por el actual gobierno. Otro factor es cómo es percibida dentro y fuera del país la relación de estas personas con el pasado nacional, y esto se debe a los actuales esfuerzos por retroceder la Historia.

Hay factores adicionales muy importantes de señalar. Uno de ellos es el de las dinastías politiqueras, porque ese aferramiento a vivir de las arcas del Estado, o de realizar toda clase de negocios turbios a cualquier costo, constituye uno de los elementos fundamentales para el desprestigio de la clase politiquera nacional. La “parentelocracia” es nefasta y quienes la han practicado en base a lo ocurrido en otros países, sobre todo desarrollados, no tienen capacidad de entender su calidad de rémoras de la cosa pública, con el agregado en nuestro medio de autocalificarse de ser regalos otorgados por la buena suerte a los guatemaltecos. Como consecuencia de todo esto, las posibilidades reales pero también lamentables las tienen quienes representan más de lo mismo.

Según un viejo dicho, no se pueden lograr resultados distintos haciendo lo mismo. En cuanto a las elecciones, en el campo puramente técnico-electoral no puede haber cambios si se mantiene la misma forma de escoger a los aspirantes, de votar por listados y no por personas, de permitir el nacimiento de pseudo partidos instantáneos. En cuanto a la actitud de los electores, el asunto es más complicado, porque se les debe convencer de la necesidad de ver más allá de las cancioncitas, de la sonrisa, de las frases vacías como “ni corrupto ni ladrón” o “sí se puede”. Esto responde a la lucha electoral basada en criterios y en frases adecuadas para la venta de mercancías, no de resúmenes para instar a la acción ciudadana en beneficio del país.

Guatemala necesita cambios. Urgentemente. Es imprescindible comprender y aceptar la tragedia iniciada a partir de la etapa de democracia, cuando comenzaron los abusos, los chanchullos, el seguimiento de la corrupción, en el resultado de llevarla a niveles increíbles y convertirse en una de las causas principales del atraso del país, debido a lo cual ya Haití nos ha superado en varios indicadores. Todos los sectores nacionales deben tomar conciencia de esta tragedia, con sus efectos terribles para el presente y el futuro de quienes hoy son niños y luego se convertirán en adultos casi descerebrados. Por eso, la necesidad de cambios es urgente, pero si no se cambian antes algunos factores fundamentales, cualquier elección será más de lo mismo, y peor.