Catalejo

Imposible predicar sin dar claro ejemplo

Mario Antonio Sandoval

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Los refranes, también llamados aforismos o simplemente dichos, son utilísimas muestras de pensamiento popular, muchos de ellos cubiertos con la pátina del tiempo, en decenas y centenas de años. Uno de ellos, muy aplicable en estos tiempos del coronavirus, es “predicar con el ejemplo”. Hay un caso de jubilación tácita para la viuda de un alcalde. ¿Colmo? No. ¡Colmísimo!

El presidente debe predicar con el ejemplo. No tiene alternativa, habida cuenta de las canonjías o tratos especiales para esa burocracia. Son prebendas, es decir oficios o empleos poco trabajosos e innecesarios, como el caso de la viuda. Lo mismo debe hacerse con los ingresos de los diputados y de otras personas cuyo supuesto trabajo debería ser el beneficio de la sociedad, pero ahora se han convertido en cuevas de pillaje. Ese ahorro de gastos superfluos incluye atacar la corrupción, y es en especial importante porque todo gasto innecesario debe ser no solo eliminado, sino devuelto al fisco por haberse hecho a escondidas. Ejemplo: la ducha y jardines a favor del presidente del Congreso, otro innombrable curulero, a quien el otro de ellos dejó fuera de esa reducción de ingresos.

En numerosas ocasiones se ha señalado la inconveniencia y el riesgo de discursos presidenciales improvisados. De esto el actual presidente estadounidense es prueba contundente y su colega guatemalteco sufre del mismo problema. Los dos últimos casos son la sugerencia de investigar si tomando cloro se puede ayudar a combatir el coronavirus, con el resultado no solo de un alud mundial de críticas, sino de la muerte de una centena de quienes tomaron en serio este nuevo resbalón. En el caso de Guatemala, haber “regañado en público” al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social provocó la aclaración de la entidad y abrió el rumor de ser el resultado de la negativa de haber adquirido un determinado producto. Un presidente lee, no improvisa, y tampoco regaña.

El IGSS, por numerosas circunstancias, no es la mejor institución de salud, pero tampoco la peor. El reclamo presidencial a causa de no haber sido informado de dos fallecimientos para permitirle agregarlos a los reportes diarios por televisión debió haber sido hecho después de estar cien por ciento seguro, porque al no indicarlos, podría pensarse en una mala intención. No creo en una reacción popular así. Pero en este momento, a mi juicio, es ingrato e injusto lanzar dudas sobre el trabajo de los médicos, enfermeros y personal de apoyo de los hospitales, todos ellos enfrentándose con valor, dejando de ver a sus familias y recibiendo sueldos causantes de lágrimas de sangre cuando se les compara con los ingresos de la alta burocracia gubernativa y edil, y sobre todo de las amiguitas.

No entiendo por qué no se toma la decisión de recortar salarios a la burocracia de alto nivel. No hacerlo, a la corta —no a la larga— le pasará factura. Para fortuna de Guatemala, es médico y tiene conocimiento de temas de salud, pero por eso mismo debe olvidarse de promesas para quienes lo ayudaron a llegar a la presidencia. El combate a los altos e injustificados sueldos integra la prometida y aún no cumplida lucha contra la corrupción generalizada y relacionada con el empleo de los miles de millones autorizados en forma escondida por los diputados, en su mayoría dispuestos a la rapiña, como he mencionado varias veces. Por eso es urgente integrar el prometido ente investigador de esta lacra. Ojalá no sea un nuevo grupo de amigos y financieros.