Mirador

In God we trust. Well, well

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

Trump nos ha puesto de acuerdo en algo: el populismo y la demagogia —como el covid— no reconocen fronteras ni países y todos —unos más que otros— corremos el riesgo de padecerlo en algún momento. No es momento de promover una aprovechada, falsa e interesada dicotomía entre derechas —republicanos— e izquierdas —demócratas— sin advertir que, como dijeran Levitsky y Ziblatt en su libro Cómo mueren las democracias, no se trata de ideologías políticas, sino de populistas, políticos antisistema que afirman representar al pueblo y terminan haciendo colapsar las democracias.

En este debate acalorado, no es de recibo señalar a unos y ser benévolos con otros, porque ambos son culpables. Los demócratas pusieron en duda el sistema del colegio electoral cuando ganaron el voto popular, pero perdieron el número de representantes, una de esas veces con Trump. Ahí comenzaron a cuestionarse el modelo. Ahora, sin embargo, es Trump quien duda del voto por correo, porque cree que ha beneficiado a sus opositores. Tanto unos como otros, sin embargo, aceptaron siempre, como reglas indiscutibles, el colegio electoral y el voto por correo, hasta que les fue mal y entonces se cuestionaron procedimientos que sostenían el sistema. ¡Una suerte de oportunismo político que abre la caja de Pandora!

Lo que el ardor de la coyuntura ha impedido cuestionar son dos cosas importantes, una en mayor medida que la otra: la falta de liderazgo político en ambos partidos y cómo Trump llega al poder y lo pierde justamente frente a quien se lo arrebató años atrás: Biden, al que había “sustituido”. Respecto de la falta de liderazgo, hay que señalar que Hilary Clinton fue una candidata demócrata que perdió frente a un extraño de la política como lo era Trump.
¿Por qué el votante norteamericano eligió a un neófito frente a una mujer que había estado toda su vida en la política? ¿No hay más liderazgo en USA que Biden, Hilary o Trump? ¿No se renueva la cúpula de los partidos para que haya suficiente oferta política? Respecto de lo segundo, hay que cuestionarse por qué los votantes que descartaron a los demócratas cuatro años atrás, se separan ahora de los republicanos y vuelven a elegir a quien “castigaron” entonces. ¿Nos encontramos ante un votante descerebrado, mal informado o que reaccionó a la administración Obama-Biden, que no respondió a las exigencias ciudadanas? ¿Qué pasó?, porque no entenderlo impide comprender cómo se llegó al punto en que ahora estamos.

Los populistas, en todo el mundo, llegan al poder por antecedentes no corregidos en la dinámica de esa democracia amplia que ya nadie define ni entiende de igual manera, y ahí está el riesgo. El ciudadano cree que el gobierno puede y debe proveerle “sus derechos”, muchos de ellos elaborados en grupos de trabajo y convertidos en tales. Se le ha vendido la idea de que es sujeto de educación, salud, trabajo, vivienda, etc., todo gratis, y el ciudadano considera que la democracia y sus líderes deben proporcionarle todo eso y mucho más, aunque nadie habla del costo que representa, quién lo paga ni la imposibilidad real de hacerlo.

No hay referentes puros, inmaculados o no contaminados, y lejos de seguir pensando que los norteamericanos deben ayudarnos y solucionarnos nuestros problemas, debemos tomar las riendas del país, antes de que el populismo y la demagogia nos alcancen y nos arrastren a un fondo del que nos será muy difícil salir porque nuestras instituciones son débiles y nuestra capacidad de reacción mucho menor que la de los vecinos del norte. ¿Será que tomaremos nota para el 2023? Creo que no.