La buena noticia

Incidencia de Jesús en la sociedad de su tiempo

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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El relato del Evangelio que las comunidades eclesiales reflexionan mañana sucede en Cafarnaún, un pueblo situado a la orilla del lago de Galilea. Refleja la intensa actividad de Jesús, un día sábado, desde la mañana hasta la madrugada del día siguiente, cuando dispone salir a otros pueblos para involucrarlos en su movimiento profético-liberador. (Marcos 1, 29-39)

Ha estado en la sinagoga del pueblo ejerciendo su misión de maestro de un modo original en sus contenidos y método; y con mucho éxito, hasta el punto que rápidamente despierta el sentido crítico de sus oyentes que logran distinguir la mediocre y manipuladora enseñanza de los maestros serviles del sistema vigente. Además, empodera a la gente que vive sometida a fuerzas oscuras que deshumanizan y oprimen. (1, 21-28).

Al salir de la sinagoga, visita a la familia de Simón y Andrés, luego se encuentra con la población reunida en la plaza, que parece un gran hospital; enseguida se dirige a los demás pueblos. El secreto de su vida y misión está en su relación íntima con Dios, mediante la oración, y en su compasión solidaria con la gente, liberándola de sistemas religiosos, políticos y sociales prepotentes y corruptos.

Inauguró su incidencia en la sociedad con un atractivo manifiesto que resonaba a convocatoria, a participación de todos, sin que nadie se quedara atrás. Estaba lanzando un nuevo proyecto de vida personal y comunitario que tenía dimensiones de refundación de la sociedad, de reconstrucción de la humanidad desde la raíz y de un nuevo pueblo al servicio de los sueños de Dios para el mundo. (1, 14-15).

El proyecto de Dios con el pueblo judío se agotó. Los líderes religiosos y políticos, por corruptos, no estaban a la altura de la misión encomendada; la interpretación que hacía de las leyes y orientaciones divinas habían perdido su finalidad genuina, estaban contribuyendo a la deshumanización de la sociedad.

Por tanto, era urgente emprender un nuevo rumbo bajo la soberanía de Dios, cuyo estilo y realidad se estaba manifestando en lo que Jesús enseñaba y hacía, en el anuncio del Evangelio y en su práctica liberadora, pero al mismo tiempo demandaba una nueva mentalidad y la participación de todos, por eso elige a hombres y mujeres de esa misma sociedad para hacer equipo con él en el desarrollo de su proyecto.

Ya ha involucrado a unos pescadores, ahora a la suegra de Simón, una mujer que ha estado enferma, la levanta, y ella se pone al servicio, no tanto al estilo de una ama de casa, sino del proyecto de Jesús.

Después de exorcizar la sinagoga y la comunidad, que estaban dominadas por un espíritu malo, ahora libera a aquella familia agobiada por la enfermedad de uno de sus miembros, para que estas dos instituciones, familia y sinagoga, hombres y mujeres, se pongan al servicio del Reino.

Pero también quiere que todos los excluidos y sufridos entren a participar en dicho proyecto, por eso “sanó a muchos enfermos de diversas dolencias y expulsó muchos demonios”. Además, tiene gran interés en involucrar a los otros pueblos de la región de Galilea, porque su incidencia es global.