Hagamos la diferencia

Invasión en derecho vial

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

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El transitar por las carreteras de Guatemala se ha vuelvo un verdadero desafío. A los problemas ya conocidos de la falta de infraestructura vial adecuada, por el estado de las mismas y porque somos uno de los países en el mundo que menos invierte en infraestructura, contamos únicamente con un metro de carretera vial por habitante, lo que contrasta contra los cuatro metros de Panamá y los ocho de Costa Rica, no digamos con los 20 de Estados Unidos; se aúna el problema de la invasión de comercios y de comerciantes individuales en los márgenes de las principales carreteras del país.

Es impresionante observar la cantidad de vendedores ambulantes que aparecen cuando ocurre algún percance en las vías, cuando se está construyendo o cuando se está dando mantenimiento a algún tramo carretero. Los vendedores se exponen a accidentes, ya que ofrecen sus productos al interactuar prácticamente dentro de las carreteras. El fenómeno también se observa en algunas calles principales en las ciudades, en donde, además de vendedores, se instalan personas pidiendo dinero, ofreciendo servicios como la limpieza de vidrios, así como pobres e improvisados espectáculos para apelar a la misericordia de los pilotos y/o acompañantes.

Según el Reglamento de Derecho de Vía de los Caminos Públicos, vigente desde 1942, en carreteras nacionales el derecho de vía debe ser de 25 metros; en rutas departamentales, de 20 metros; en carreteras municipales, de 15; y en caminos vecinales, de 6 metros; sin embargo, esto no se respeta y los comerciantes invaden las calles públicas con la complacencia de las autoridades municipales, que una vez instalados les proveen de los servicios básicos. La normativa también contempla que “en la faja que comprende el derecho de vía no es permitido a los particulares hacer nuevas construcciones, cultivos o siembras”.

En varios cruces importantes se instalan comercios que obstaculizan el tránsito, al colocar sus productos prácticamente en la calle, lo que hace que se formen verdaderos embudos que hacen lenta la locomoción. Esto lo observamos, por Ej., sobre la ruta Interamericana: en San Lucas Sacatepéquez, en El Tejar, Chimaltenango; el paso por Cuatro Caminos en el kilómetro 181. En la ruta Al Atlántico los problemas se dan, principalmente, en El Rancho, San Agustín Acasaguastlán y en Los Amates, Izabal. En la ruta al Pacífico se dan problemas de embotellamiento en San Bernardino, Mazatenango y Cuyotenango, Suchitepéquez. Además hay varios puntos a lo largo de las carreteras del país que se vuelven problema en horas pico. En ciertos días de la semana se instalan mercados, literalmente, sobre la carretera o calles, como el caso de Momostenango, la cabecera de Sololá y las Chinamas, aduana que aunque es del lado del Salvador afecta el transito guatemalteco.

El libramiento de Chimaltenango es un ejemplo de la poca planificación antes de construir infraestructura de este tipo, pues a la estrechez del espacio vial se suma el poco control del establecimiento de vendedores que han invadido áreas propiedad del CIV, que las adquirió para hacerse de los derechos de vía para la construcción de la obra.

En el diseño de las carreteras deben contemplarse áreas de descanso en que puedan instalarse comercios, ya que la necesidad es en doble vía, tanto de parte del vendedor como del comprador. Las municipalidades deben trabajar fuertemente en evitar la instalación de negocios a orillas de las carreteras. Esto puede reducir el tiempo de tránsito en carreteras, pues se ha vuelto un verdadero fastidio no tener certeza del tiempo para conducirse de un lugar a otro. Además podrían evitarse muchas muertes, ya que en la actualidad muchos vendedores terminan bajo las llantas de los vehículos que transitan a diario.