Catalejo

Isabel II: reina, dama y ejemplo de valores

Mario Antonio Sandoval

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Este domingo se cumplen 70 años de la coronación de la joven princesa Isabel Alejandra María Windsor, entonces de solo 26 abriles, quien ahora es justificadamente una de las figuras más importantes del mundo y con un espacio especial en la historia de su país, al cual comenzó a servir desde cuando conducía ambulancias para atender heridos por los bombardeos nazis en Londres. No le tocaba ser reina, pero la abdicación de su tío Eduardo VIII llevó a su padre, Jorge VI, a reinar en los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial. A su muerte, la joven conocida en su familia como Lilibet tomó las riendas e impuso sus estilo de actuar, fundamentado en procurar el bienestar de un Imperio Británico ya en camino a su transformación a como está ahora.

La reina Isabel ha ejercido sin inmutarse y con firmeza los papeles de su rango, entre ellos cien visitas de estado y 260 visitas oficiales. Ningún monarca de la historia ha celebrado el Jubileo de Platino —70 años—. Desde hace un tiempo, el cambio cuidadosamente preparado por la Casa Real le ha permitido mostrar su lado humano como esposa del amor de su vida, el príncipe Felipe, y ha logrado mantener el aprecio pese al aumento de los críticos a la monarquía, aceptada debido a siglos de tradición. De sus problemas familiares de los últimos años la prensa británica se ha encargado de hablar, muchas veces de forma grosera y poco profesional, pero sigue la monarca siendo el centro del respeto, una arraigada característica inglesa.

En esos 70 años el Reino Unido pasó de ser el poderoso e imbatible imperio británico, a convertirse en un país con influencia política internacional indudable, con la dirección espiritual de quien es la jefa de la Iglesia Anglicana, además de soberana. Esa cercanía al mundo quedó identificada con la dramática foto de ella, vestida de riguroso luto, sentada cabizbaja y solitaria en una de las vacías bancas de la capilla de San Jorge, en el palacio de Windsor, donde fue llevado el féretro del príncipe Felipe. Era la esencia del dolor de una mujer abatida por haber perdido a su compañero de vida por 74 años. Se debe reflejar ese aspecto humano, porque los grandes personajes también lo tienen. Esa imagen contrastó con la pompa, joyas, coronas, collares y lujosos vestidos ceremoniales.

Se le puede calificar como la última reina de Europa. Ninguno de los actuales monarcas podrá hacerlo tanto tiempo y entre ellos destaca España, con Felipe VI. Los demás reyes también son personas populares, de grandes fortunas y funciones ceremoniales, pero no tienen un papel tan relevante y, por el avanzado estado de sus democracias, muy probablemente las monarquías constitucionales no se extenderán más allá de una o dos generaciones. Los reyes de hoy tienen el importante papel de símbolos unificadores: todos los países donde existen fueron unidos a la fuerza hace siglos y ese importante papel símbolo es fundamental para la supervivencia misma de dichas naciones, al evitar su división.

Isabel II de Inglaterra es excepcional, no perfecta, pero sí tiene el rumbo norte bien claro. Se ha desempeñado con singular habilidad ante cualquiera de los primeros ministros, conservadores o laboristas, y sus opiniones políticas las tiene bajo llave. Desde la perspectiva latinoamericana se le ve como la gran guardiana de las tradiciones inglesas, en coincidencia con un porcentaje todavía importante de los ciudadanos británicos.

La Historia será benévola con ella, por haber reinado en tiempos tan pletóricos de cambios y de situaciones jubilosas y también duras. Ahora tiene muy merecido dedicar mucho de su tiempo a los preparativos de sus cercanos cien años de vida.