La buena noticia

Jesús, en fila con el pueblo para bautizarse

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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Este domingo la Iglesia celebra la fiesta del Bautismo del Señor, con la que concluimos el hermoso tiempo de Navidad, que es siempre una invitación a comenzar de nuevo con aires de alegría y esperanza; también inauguramos la fascinante misión de Jesús entre los pobres de Galilea, a quienes irá empoderando para que se levanten de la postración y opresión a la que han estado sometidos por aquellas estructuras imperiales asfixiantes y deshumanizantes y por mentalidades religiosas caducas y anquilosadas en el fariseísmo. El relato evangélico es propio de una teofanía, motivada por la oración existencial y encarnada de Jesús después de bautizarse, como todo el pueblo lo estaba haciendo, impulsado por un anhelo de cambio radical que abriera nuevos horizontes de vida personal y colectiva.

El corazón del relato es la manifestación de Dios para acreditar a Jesús como su “Hijo predilecto”, con quien se complace plenamente. Los signos de esta teofanía son el cielo abierto, la voz del Padre, la acción del Espíritu. Estos signos acontecen en presencia del pueblo, convirtiéndolo en destinatario de aquella teofanía y también en protagonista. La misión de Jesús será popular, no populista ni elitista.

Esa misión entre los pueblos pobres y oprimidos de Galilea, una región de campesinos y pescadores, queda inaugurada con su participación entre el pueblo que acudía a bautizarse por Juan en Jordán. Él lo hace también como empeño solidario con el pueblo. Aquel bautismo era el signo de una época nueva de paz y armonía, de justicia y fraternidad para aquellas comunidades subyugadas por el Imperio Romano y manipuladas por elites religiosas, políticas, militares y económicas, que siempre actuaban a espaldas del pueblo y lejos de los proyectos de Dios.

En Jesús, un hombre ya maduro, de 30 años, en pleno vigor, Dios le está apostando a la justicia, a la fraternidad, a la solidaridad, a la vida, y en esa dirección se definirá también la voluntad y el proyecto de vida de Jesús, cuyo testimonio viviente encontramos en los relatos evangélicos.

Por eso la manifestación de Dios en aquel momento es ratificación y declaración de todo su apoyo y respaldo a la misión de su “Hijo amado”, que se sitúa en la línea de los grandes profetas de Israel. Esto explica el enfoque y la dirección que le dará Jesús a toda su vida y acción. Sus esfuerzos se orientarán a mantener viva y operante esa confirmación del Padre para que su proyecto de vida y solidaridad se encarne en la historia de los pueblos y culturas.

Ese mismo horizonte asumido por Jesús como el proyecto del Padre para el mundo es el que hoy tenemos que asumir ante una realidad de injusticia, egoísmo, desigualdad, de tanta corrupción e impunidad que nos asfixia y desespera. El estilo de Jesús sigue vigente. Por eso cuando Él escuchó la predicación de un profeta llamado Juan Bautista, que pedía conversión a la justicia y a la fraternidad, se acercó para escucharle; y se puso en fila para recibir, como uno más, el bautismo, signo de conversión o cambio de dirección. Esa misma conversión es la que urge en todos los seguidores de Jesús.

Recordemos que toda nuestra existencia cristiana es bautismal. Debemos realizarla no creyéndonos superiores ni caminando al margen de los demás seres humanos, de sus anhelos y de sus búsquedas, sino en solidaridad con ellos, poniéndonos “en la fila”, no por encima de ellos, ni mucho menos en contra de nuestra sociedad guatemalteca, que busca un futuro mejor, que históricamente le es negado por las fuerzas oscuras incrustadas en el Estado. Esa misión al estilo de Jesús es la que pretendo impulsar desde Santa Catarina Mita, Jutiapa, con este pueblo noble, solidario y trabajador.