Liberal sin neo

Juzgar el pasado con prisma del presente

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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La palabra presentismo no está en el Diccionario de la Real Academia Española y en el procesador de palabras la subraya como mal escrita. Al buscar la palabra en Google, aparecen miles de documentos, pero no con el significado que quiero darle. Uso presentismo como una traducción literal de “presentism” en inglés. “En análisis literario e histórico, presentismo es la introducción anacrónica de ideas y perspectivas actuales en representaciones o interpretaciones del pasado”. Entretejer valores morales modernos en la lectura del pasado conduce al error de presentismo. Parafraseando a Thomas Kuhn en La Estructura de Revoluciones Científicas (1962), hay que ser cuidadoso al juzgar el pasado con los paradigmas del presente.

La esclavitud es un caso, ya que existió como práctica social durante la mayor parte de la historia de la civilización y es tan solo en los últimos siglos que se tornó inaceptable e ilegal. La Biblia, en el Antiguo y Nuevo Testamento, contiene muchas referencias a la esclavitud, donde se explica su fuente, condición legal y cómo deben ser tratados los esclavos. La esclavitud era común hace veinte o veinticinco siglos. Vista con el prisma moral del presente, ¿debe descalificarse todo lo que dice la Biblia? Ya sea religioso, agnóstico o ateo ¿no se puede aprender nada de ella? Muchos historiadores y filósofos —entre ellos mi querido profesor Armando de la Torre— trazan las raíces éticas y científicas de la civilización moderna a los legados de Jerusalén y Atenas. La antigua Grecia, Atenas en particular, cuna de la democracia, la retórica y el pensamiento científico, tenía entre su población más esclavos que ciudadanos. ¿Será mejor, entonces, olvidar a Homero, Heráclito, Heródoto, Sófocles, Platón y Aristóteles? Quizás los médicos debieran dejar de hacer el juramento hipocrático.

En filosofía quedaría un enorme agujero si se excluye a Immanuel Kant. Eterno soltero, tenía muy baja y hoy escandalosa opinión de la capacidad intelectual de la mujer. ¿Deben las mujeres hacer fogatas en las universidades para quemar los libros de Kant? Quizá en ese mismo fuego podría quemarse la tesis de Miguel Ángel Asturias, en la que deja clara su forma de ver al indígena guatemalteco, hoy moralmente inaceptable.

Es paradójico que la turba indoctrinada con el posmodernismo que rechaza valores fijos e inmutables juzga y violenta el pasado por no conformarse a sus valores presentes. Pienso que hay que ser cauteloso al pensar que los valores y principios del presente son en todo superior a los del pasado.

El revisionismo histórico ha llevado a las turbas en EE. UU. a demoler estatuas de Washington, Jefferson y Cristóbal Colón, y las del Reino Unido a hacer lo mismo con la de Churchill. Los jueces culturales de hoy los acusan de racismo e imperialismo. John Stuart Mill escribió uno de los más bellos ensayos sobre la libertad (1859). Su opinión sobre los habitantes de India era horrorosa. Louis Sarkozy comenta en un artículo que si nos rehusamos a tener en estima las palabras de Mill, por sus actitudes hacia India, perdemos un enorme pedazo de la doctrina liberal que hace posible nuestro ambiente moderno tolerante y multicultural. Las turbas no aprecian que es precisamente por las instituciones que Washington y Jefferson crearon que hoy tienen el lujo de expresarse como lo hacen. Los individuos son imperfectos, prisioneros de sus generaciones y habitantes del conocimiento de su tiempo. Esto va, dice Sarkozy, a la necesaria separación entre el artista y su arte. El artista es imperfecto, su arte no lo es y por eso trasciende.