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La buena nueva en el Reino de Guatemala

José Molina Calderón josemolina@live.com

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El papel de la Iglesia y de otros actores sociales en el proceso independentista se encuentra en el libro de Ana María Urruela de Quezada, editora y coautora, Memoria y Compromiso: La Iglesia y el Bicentenario de la Independencia, 1821-2021. Tomo I: Tiempos de Cambio, 1767-1811. Guatemala, Mayaprin 2019. 395 pp.

Se analiza el artículo de Horacio Cabezas Carcache, Evangelización durante el período Preindependentista. A continuación, párrafos del mismo, indicando entre paréntesis el número de página.

En la introducción se indica que la evangelización del Reino de Guatemala durante el período Preindependentista fue muy diferente a la segunda mitad del siglo XVI, después de la conquista española de los principales señoríos indígenas. El autor comenta la difusión de la Buena Nueva, es decir del Evangelio en el nuevo período. (120)

Se hace referencia a los siguientes temas: fundación y estado de la Arquidiócesis de Guatemala; cumplimiento de los sacramentos; pervivencia de otras manifestaciones religiosas; misiones en la Taguzgalpa y Tologalpa; manifestaciones religiosas durante Exequias y Juras Reales; censura eclesiástica contra la Gazeta; Cartilla de Párrocos versus Grito de Dolores; y labor de eclesiásticos destacados. (120)

En el apartado Arquidiócesis se analizan los siguientes subtemas: Su fundación; el rol del Cabildo Eclesiástico y de los curas párrocos; el papel de las Órdenes religiosas masculinas; de los monasterios y beaterios; la expulsión de los Jesuitas, y la sustitución del arzobispo Pedro Cortés y Larraz. (120)

El 16 de diciembre de 1743, Benedicto XIV elevó el obispado de Guatemala a la categoría de Metropolitano y designó a Pedro Pardo de Figueroa, fraile paulino, como arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis integrada por los obispados de Nicaragua, Chiapas y Comayagua.

Hacia 1770 había 123 parroquias, con sus respectivos curas rectores y por lo menos un cura coadjutor en cada una, de las que el clero secular regular —dependiente del obispado— regentaba 98 (80%), y el regular (frailes religiosos), 25 (20%). (122)

Cortés y Larraz hizo una visita pastoral de la que se escribió un libro muy conocido, analizando cada una de las parroquias y clero. No todo era positivo; sin embargo escribió que uno de los sacerdotes bien calificados fue Pablo Medina, párroco de Cojutepeque, de la Alcaldía Mayor de San Salvador. (124)

El 2 de abril de 1767, el rey Carlos III, influido por la expulsión de los jesuitas en Francia y Portugal, ordenó la expulsión de los miembros de dicha orden de todos los dominios de la corona española. En Guatemala, en la madrugada del 1° de julio de 1767, 14 jesuitas (7 mexicanos, 4 españoles y 3 guatemaltecos) salieron hacia el Castillo de San Felipe, en el Golfo Dulce, en donde fueron embarcados y remitidos a Cuba y, de ahí, llevados a Italia. Entre los guatemaltecos, Rafael Landívar. (124-125)

El Terremoto de Santa Marta del 29 de julio de 1773 provocó un fuerte enfrentamiento de las relaciones entre la Audiencia de Guatemala y el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, porque este se oponía al traslado de la Ciudad. Por ello, el 8 de julio de 1777, el presidente Martín de Mayorga elevó al rey Carlos III la petición consistente en remover a aquel prelado, sin pérdida de momento… mandándole salir de la Diócesis de Guatemala. (125)

El nuevo arzobispo, Cayetano Francos y Monroy, escribió al rey Carlos III, reconoció que todas sus ovejas (a excepción de la Audiencia, el Regente, el Presidente y tres Canónigos) lo recibieron con repugnancia, con mala voluntad y con odio formal. (127)