Catalejo

La casa común, novedosa y útil idea

Mario Antonio Sandoval

El viernes pasado recibí un mensaje por las redes sociales con un boceto de los “lineamientos estratégicos para el desarrollo nacional en la casa común”, un trabajo preparado por la vicerrectoría de la investigación y la proyección, para el cuerpo de mando de la Universidad Rafael Landívar, como parte del seminario permanente sobre los desafíos del desarrollo y la democracia en Guatemala. De sus conceptos básicos me llamó la atención ver a Guatemala como nuestra casa común, a lo cual se agrega la manera como divide el documento: la creciente polarización y constante deterioro, la responsabilidad como guatemaltecos de procurar un futuro mejor, la búsqueda de espacios de encuentro, diálogo y distensión y la contribución al pensamiento crítico.

Las posibles rutas a seguir van dirigidas a afrontar las realidad prevaleciente para mejorar las condiciones de vida, buscar la comprensión, conciliación, a fin de facilitar la convocatoria y dentro de un proceso de respeto mutuo y de reconocimiento de las diferencias, a fin de reducir la confrontación. A mi criterio, se trata de un documento cuyo fin es servir de guía —perfectible y cambiable, claro—. Lamento, eso sí, no haber señalado desde el principio a los aspectos éticos para encontrar los valores compartidos e irrenunciables, además de indispensables para lograr el respeto a la Constitución y los tratados, respetar al sistema democrático y a los acuerdos de paz, así como obtener la indispensable justicia universal, independiente, pronta y cumplida, conceptos señalados en el texto.

En el documento final debe darse mayor importancia al combate a la corrupción y a la impunidad, porque así se facilita la visión a largo plazo necesaria en sus dimensiones sociales, político-institucionales, naturales, ambientales y económicas. Obviamente, en el resumen de criterios no se pueden señalar todas las áreas de todos los esfuerzos necesarios, y al mismo tiempo se requiere de capacidad para hacerle caso a la situación sufrida hoy en día por Chile, Bolivia, Nicaragua, México y Ecuador. Esto es importante porque, como se ha dicho, se debe tratar de vencer a quienes piensan distinto, pero sin violencia, por convencimiento, y se debe afianzar la idea del derecho para el bien común como parte de un sistema democrático político-económico-social.

Para entender la utilidad de un esfuerzo de búsqueda de caminos para detener el subdesarrollo y el atraso nacionales se debe leer con seriedad, serenidad, buena intención y convencimiento de no tratarse de una imposición, sino de una sugerencia. Han sido demasiadas las propuestas presentadas a lo largo de los años, y en este momento la principal característica es la falta de tiempo por causas internas, unidas a factores externos ocurridos en el continente latinoamericano. Es válido también hacer las comparaciones necesarias para lograr en un tiempo corto un consenso, pues la unidad total de criterio no solo es casi imposible de lograr, sino implica la pérdida de valioso tiempo. Una forma de facilitar esto es listar las coincidencias y estar dispuesto a ceder en algo.

La sociedad guatemalteca se ha caracterizado por sus actitudes erróneas y, por tanto, causantes de peores males. Por ejemplo, confundir el concepto de discutir con el de insultar; de negociar con imponerse al otro, pero sobre todo de considerar a la verdad propia como la única y de considerar enemigo a quien piensa distinto. Guatemala no tiene lugar para posiciones simplistas, pero sí para aspectos esenciales, lo cual es distinto a explicar temas complicados con lenguaje entendible para todos. No tiene cabida para quienes rechazan una idea solo porque rechazan a quien la expone o la crea. Quien mantenga cualquiera de esas actitudes no debe participar en la discusión previa necesaria, pues solo provoca una lamentable e injustificable pérdida de tiempo.