Rincón de Petul

La columna en crisis

Atrás está la época de oro de este género que alguna vez se adornó con letras escritas por gente de la talla de Manuel José Arce.

De tan esparcida que estaba la costumbre, hasta cliché llegó la imagen de un padre en la sala de su casa, taza de café en mano, dando vueltas a las hojas del periódico papel frente a sus ojos. Parte primordial de la lectura del diario, para muchos, era la lectura diaria de los artículos de los columnistas de opinión. Habiendo espacios habituales reservados en días determinados para cada uno, la mecánica consistió —más antes que ahora— en amanecer preguntándose: veamos qué tiene este o el otro qué decir hoy. En tiempos previos al desarrollo de la tecnología, los articulistas se convertían en una diaria compañía con la que, además, incidían casi con exclusividad en el pensamiento colectivo. Las páginas dedicadas llegaron a no alcanzar; su incidencia en los actuares del Gobierno era más influyente, con funcionarios preocupados por lo que de ellos se publicaba. Podríamos bien decir que la época de oro de la columna estaba en vigencia.

Pero la popularidad de las columnas ha ido menguando fuertemente, aceleradamente. Se explica mucho desde la perspectiva del advenimiento del Internet y cómo las redes sociales han hecho adelgazar los medios impresos y, con ello, provocar la pérdida del interés en la lectura de la sección de opinión. Ciertamente, a nivel mundial, la casi exclusividad en la opinión mencionada que tenían los columnistas, para bien y para mal, se perdió con la llegada de las redes sociales. Y es que en ellas, cada usuario es un gestor de opinión y los medios tradicionales perdieron el privilegio de escoger quién sí y quién no; qué sí y qué no, se hacía saber de manera masiva. De nuevo, esto, para bien y para mal. Pero, en países —como Guatemala— donde opositores políticos han sufrido persecución, además se ha lidiado con el problema de escasez de puntos de vista opuestos y de los cuales se obtiene el enriquecedor ejercicio de la confrontación de ideas.

Esfuerzos intencionados habrán de suceder si se quiere rescatar al género.


Se atribuye a Herbert Bayard Swope, director de un periódico neoyorquino de la década de los veinte, la popularización de la columna de opinión, tal como la conocemos ahora. Según he leído, hasta entonces, la ética periodística consistía en publicar contenidos con solo noticias, absolutamente limpias de apreciaciones personales del redactor. La única opinión de todo el periódico provenía de la página editorial, que era, obviamente, la posición oficial del medio. Pero Swope encontró interés en otorgar una hoja a cartas de lectores, privilegiando luego las escritas por ilustres y notables, desarrollando luego la página de columnas, tal como esta, donde está impreso este artículo. En inglés, a este género se le conoce como op-ed, abreviación de “opuesto al editorial”, sugiriendo el valor de las voces distintas a la de la casa editorial, que, además, pueden ser distintas y contradictorias a tal posición.

Atrás está la época de oro de este género que alguna vez se adornó con letras escritas por gente de la talla de Manuel José Arce. Y que también sirvieron para debates escritos entre autores con visiones antagónicas, que con sus destacadas posiciones, elevaban al público al privilegio de una ponderación confrontada. Esto, hoy, es un reto para los medios de comunicación que buscan sobrevivir. La reciente pérdida de columnistas que se despidieron por incorporarse al Gobierno, provoca el deseo por que sean sustituidos por actores que también tengan opiniones que no necesariamente se alineen con el sistema. El género está en crisis, y esfuerzos intencionados habrán de suceder si se quiere rescatar. Posiblemente, la imagen del padre con el periódico papel en la sala jamás regresará igual. Pero el interesante contraste de opiniones seguramente se puede dinamizar por medio de la tecnología disponible para apelar a los públicos venideros.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.