Fuera de la caja

La digitalización de las sensaciones

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En los tiempos actuales, la comunicación cotidiana debe superar barreras invisibles. Nos estamos comunicando usando cada vez menos las potencialidades de nuestros sentidos —ojos, oídos, olfato, tacto— al interactuar en un escenario virtual, donde prevalen las percepciones planas derivadas de las imágenes que vemos en la pantalla y los sonidos que escuchamos en las bocinas. De alguna manera, la reducción del uso de los sentidos en la comunicación personal es resultado de la digitalización, la cual es un auxiliar valioso en nuestra vida para gestionar la pandemia. En esta nueva realidad son evidentes las variaciones en el universo de las sensaciones y de las percepciones.

La sensación, comprendida como la recepción de estímulos a través de los sentidos -como sonidos, imágenes, olores, por mencionar algunos- afecta directamente la percepción, es decir nuestra capacidad de captar, procesar y dar significado a la información que ingresa por nuestros sentidos.

Nuestro cerebro ya no se activa de igual manera por la falta de contacto y estímulos sensoriales. Un apretón de manos o un abrazo puede interpretarse como un acto de imprudencia. El oído se ve reducido a escuchar los sonidos que el interlocutor canaliza a través de un micrófono. Los primeros, segundos y terceros planos se suelen convertir en uno solo y se presenta una sola línea de sensaciones, toda concentrada desde una única fuente emisora –la bocina de la computadora o el smartphone-. Nuestra visión, con capacidad de tener una vista periférica hasta de 180 grados, se ve reducida a la pantalla de un celular, un iPad o una computadora. No digamos el olfato. ¿Cómo percibir un olor con toda su intensidad a través de la mascarilla?

Más allá, otras sensaciones que nos dan información clave en procesos de interacción social, como nuestro sentido de tribu/grupo/familia/manada, se ha roto por un aislamiento obligado. Al no estar en contacto con los demás, ahora somos socialmente más distantes, menos agudos en la observación e interpretación de sensaciones captadas.

¿Cuánta de nuestra capacidad de comunicarnos hemos perdido en las condiciones establecidas por el escenario virtual? El reto que tenemos es compensar las debilidades con otros recursos comunicativos, como el énfasis en el lenguaje verbal y el paralenguaje corporal, los cuales pueden contribuir para que los interlocutores decodifiquen en la dirección correcta la finalidad de nuestros mensajes.

El reto es convertir la comunicación -de alguna manera “plana” por las circunstancias- en una elocuente y precisa forma de interrelación. Si es por medio de los canales digitales colectivos o individuales ofrecidos por la tecnología, como las redes sociales, la nueva comunicación debe compensar la ausencia física del interlocutor y la reducción del escenario de sensaciones con elocuencia visual y auditiva, combinada con la precisión del contenido.

La digitalización de las sensaciones se ha incorporado a lo cotidiano. Ahora, la comunicación transita por una vía, donde los paralenguajes son una fuente creativa para dominar las condiciones impuestas por el entorno virtual.

Queda en nosotros convertir la digitalización de la comunicación humana en la humanización de la comunicación digital.