Hagamos la diferencia

La economía mundial tambalea

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

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Guatemala, en los últimos años, ha sido un país que ha amortiguado los efectos de los ciclos económicos a nivel mundial, aún en la pandemia, cuando se paralizó casi todo el mundo, incluido nuestro país, las repercusiones no fueron lo grave que se esperaría, y su recuperación ha sido adecuada. A pesar del calamitoso estado del sistema de salud, las familias han buscado la forma de afrontar los contagios, en algunos casos tratándose en casa y en otros utilizando el sistema de salud privado. Sin embargo, la pandemia ha repercutido en la economía a nivel mundial, y están ocurriendo una serie de situaciones que afectarán directamente nuestros bolsillos.

El panorama económico mundial se está complicado, varios problemas se ciernen sobre la población: a) Existe una inusual escasez de espacio en contenedores para transportar productos de Asia a Occidente. Hay, además, problemas de atascos en los principales puertos internacionales, así como el cierre temporal de algunas terminales marítimas chinas por protocolos de control del covid-19; a esto se le ha llamado la “crisis de contenedores”, que ha provocado un aumento en el precio de los fletes marítimos, aunque al sector minorista aún no le ha impactado, se pronostica que lo hará en los próximos meses. Los importadores de mercancías prevén dificultades para las compras navideñas, especialmente de productos electrónicos. b) La inflación está aumentando, por la alta demanda de algunos productos y por la emisión de dinero sin respaldo de varios países, especialmente EE. UU. para paliar la crisis. Esto preocupa a los bancos centrales de varias naciones y, en definitiva, golpeará los bolsillos de las familias, especialmente las pobres. En Guatemala, por recientes cambios en el cálculo de la canasta básica alimentaria, los datos oficiales aún no reflejan la verdadera situación. c) Existe escasez de fertilizantes, especialmente de nitrogenados, lo que repercutirá en los rendimientos de la producción agrícola pero también en alimentos procesados. La FAO lleva meses denunciando que los precios de los alimentos se han disparado, la CF industries hizo saltar las alarmas en la industria de fertilizantes, luego cerraron dos plantas de producción de fertilizantes en Reino Unido por alto precio del gas y la compañía noruega Yara anunció que recortará 40% su capacidad de producción. d) La crisis de semiconductores (microchips) también está repercutiendo en la producción de productos que los utilizan entre sus componentes. A esta situación ya le están denominando el “Armagedón de los chips”. Tres compañías producen y controlan los chips a nivel mundial: Intel en Estados Unidos, TSMC en Taiwán y Samsung en Corea del Sur. Otras empresas son irrelevantes en el mercado. Intel está teniendo serios problemas para fabricarlos. Los microchips son componentes esenciales en todos los productos digitales alrededor nuestro, por lo que afectan a muchos otros sectores, como el de la computación, fabricación de vehículos, teléfonos celulares, etc. La industria automotriz, por las restricciones en pandemia, tuvo una fuerte caída en las ventas y redujo los pedidos de chips. Los fabricantes decidieron cambiar sus líneas de producción, y volver a activarlas lleva más tiempo que simplemente detenerlas. A finales del 2020, las ventas de vehículos se recuperaron impresionantemente, y a esto también contribuyó la compra de ordenadores por el teletrabajo y de otros dispositivos para ocupar el tiempo libre, lo que aumentó la demanda de semiconductores. e) Existe escasez de gas y aumento en precios de combustibles, lo que afectará la producción y los domicilios, como en China y Europa, donde varias fábricas han tenido que detenerse por problemas eléctricos. Es importante estar atentos, pero lo es más que las autoridades analicen cómo aprovechar la coyuntura en bien del país y prepararse para afrontar la problemática que amenaza a la Nación, pues vemos despilfarro de recursos, como si nada estuviera ocurriendo.