Catalejo

La encuesta señala dificultad de predicción

Mario Antonio Sandoval

Las encuestas políticas tienen, entre sus complicaciones para entenderlas, el hecho de presentar algunos datos de importancia igual o a veces mayor al resultado de quién será el ganador. Esta predicción se dificulta cuando hay algunos resultados no tan evidentes, por ejemplo el margen de error, por el cual la cifra puede ser válida aun cuando esté tres puntos abajo o tres puntos arriba del número logrado. Pero también se agrega al mismo la forma cómo es la respuesta a la pregunta, si el encuestado tiene plenamente decidido por quién votar, o si puede cambiar de opinión a última hora y por circunstancias no predecibles o no presentes en el momento de realizarse la medición, pues este fue un pasado muy cercano, pero pasado al fin.

El margen de error de esta encuesta fue de más menos 2.8. Por tanto, el resultado de Sandra Torres con 20.2 de preferencia, y de Giammattei con 14.4, podría ser en la realidad 3 menos de 20, o sea 17, y 3 más de 14, o sea 17, con lo cual la diferencia sería mínima y habría un empate técnico. Lo mismo ocurre entre Giammattei y Mulet, quien llegaría a 11.5. Pero el dato por el cual la encuesta no otorga una posibilidad sólida, aunque está muy bien hecha, es el de esa definición segura de votar por alguien. En el área metropolitana, la inseguridad es de 61%; en el interior urbano, de 44, y en el rural, de 49, para un promedio nacional de 48%. Esa diferencia entre 48 y el 52 complementario para llegar al 100% es demasiado corto como para no analizar la posibilidad de cambios en los resultados.

Las elecciones están a dos días de distancia y es el momento de tomar esa decisión, más allá de las campañas oficiales y sobre todo de las anónimas y por ello cobardes contra cualquier participante, hechas para desmotivar aún más la participación del votante. A pocos ciudadanos parecen importarles los efectos de su ausencia de las urnas, al no comprender el resultado de esta actitud, es decir, beneficiar directamente a Sandra Torres, centro de las decisiones en su beneficio realizadas por las más altas autoridades legales y electorales del país. Este es el proceso electoral causante de más dudas a partir de 1984, cuando tomó validez la actual Constitución, y al final de los comicios el TSE tal vez deba sentarse en el banquillo, dicho en sentido figurado.

Nunca como ahora el futuro del país está en manos de los votantes, sobre todo de los jóvenes. En ellos se ha afianzado el desconsuelo y el rechazo a las acciones tanto de los partidos políticos como de los candidatos. Las nuevas normas, de hecho, no permiten la validez del voto nulo para forzar a una elección adicional, porque debe ser la mitad más uno del total.

Hoy es el último día para reiterar el llamado a jóvenes y adultos para ir a votar por cualquier candidato distinto a la señora Torres. Tampoco votar nulo, porque el TSE ahora solo lo tomará en cuenta si supera al 50% de los sufragios. Con eso disminuye la cifra de la cual se calcule la mitad más uno del total. La victoria de la UNE es el resultado de discursos populistas, cuya definición real es hacer promesas imposibles de cumplir.

Las diferencias entre estas elecciones y las anteriores: la presencia de varios grupos políticos cuyo objetivo es reducir la influencia tradicional de la UNE. Si bien ya fueron utilizados en los comicios del 2015, en esos cuatro años pasados se han convertido en importantes formas de comunicación difíciles de medir y por ello predecir el resultado de las elecciones. Lo más importante es votar serenamente: es demasiado serio todo aquello en juego, y debe haber conciencia de los efectos del abuso, la irresponsabilidad, la corrupción, la desidia, la necedad, son los causantes de la precaria realidad nacional. Todos los sectores compartimos la culpa. Cada ciudadano tiene la obligación de hablar con quien no desee votar, para permitirle entender por quién vota al actuar así.