Mirador

La errada geopolítica USA en Centroamérica

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

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El post 9/11 desvió la atención de la política exterior norteamericana hacia zonas muy lejanas del hemisferio. Los esfuerzos políticos y militares de los USA se centraron en Irak y Afganistán y “abandonaron” la histórica y tradicional tutela que ejercían sobre el continente, consecuencia de la doctrina Monroe. Era preciso una respuesta contundente y ejemplar a las actuaciones de Al Qaeda para dejar claro que el mundo continuaba siendo monopolar después de la desaparición de la URSS, pero, en su fijación, no advirtieron que Rusia y China despertaban del letargo y comenzaban a tomar posiciones geoestratégicas y geoeconómicas.

Los chinos se hacían con el continente africano y una cantidad importante de recursos minerales, y penetraba lenta pero segura —tradicional en ellos— en América Latina, al igual que lo hacía Rusia. De hecho, durante una breve conversación con un embajador ruso, me dijo: “Yo estoy aquí para recuperar el tiempo perdido”, lo que dejaba claras las intenciones del Kremlin y la estrategia hacia el continente americano.

Iniciaron por donde se lo pusieron más fácil: Venezuela, y continuaron ascendiendo a través de Panamá, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador: compra de deuda externa, ruptura de relaciones con Taiwán, millonarios proyectos de infraestructura, centros de control espacial, donaciones, apoyo político, arma y un largo etcétera del que Washington parecía no enterarse o faltarle agresividad. En poco tiempo, el control indirecto estaba listo y Centroamérica, en particular, casi dominada. La geopolítica rusa y china convergen con malos e ineficientes gobiernos locales, además del narcotráfico y del crimen organizado, y el conjunto se mezcla, realza y confunde. El resultado: un todo que difícilmente se desgrana en sus partes para analizarlo, entenderlo y confrontarlo.

La administración Biden parece no diferenciar todos esos elementos que convergen —y algunos más— y determinados asesores ven la situación empaquetada, sin advertir que Guatemala es el único eslabón, aunque de una cadena oxidada, y la meten en el mismo paquete que sus pares. El error de Potus —o de sus asesores— es que pareciera no diferenciar entre lo que aconseja la geoestrategia y lo que promueven ciertos personajes de su partido que toman decisiones desde el activismo político, y mezclan todo. Eso se traduce en un trato por igual a todos los centroamericanos, lo que de nuevo puede representar otro error no muy distinto de los cometidos en épocas pasadas, y cuya evidencia muestra la historia reciente.

Si Guatemala diera un giro hacia China o generara un acercamiento a Rusia —lo han hecho otros—, seguramente se encenderían las alarmas, pero no habría marcha atrás, y todo se tornaría de un color diferente. La política USA se ha equivocado al plantear el tema de la migración, en la retirada de Afganistán, en el control del Pacífico —desbancando a Francia— y seguramente en el trato con Centroamérica. No es cuestión de admitir planteamientos ilegales, pero sí de abordar la política como un elemento de arreglo de conflictos entre partes y dejar la soberbia impositiva como herramienta eficaz para doblegar gobiernos, que ya se ha visto que no funciona.

Hay que reducir la testosterona de ciertos consejeros presidenciales norteamericanos y llenar la mesa de más estrategas relajados, porque, de lo contrario, habrá mucho ruido, pero pocas nueces, y si algo ha quedado suficientemente claro es que los países terminan haciendo aquello que su liderazgo político determina, a pesar de la presión de “los grandes”. Una sesión de brainstorming en el Departamento de Estado es el mejor consejo que se me ocurre y, además, que regalen un pachón de tila a la entrada y otro de té de pericón a la salida.