Catalejo

La extraña lógica de la desesperación

Mario Antonio Sandoval

Prácticamente todos los días, el doctor Alejandro Giammattei emplea un tipo de pensamiento cuya mejor definición debe ser la “lógica de la desesperación” por emanar de la angustia, decepción y exasperación mezcladas con desmoralización, a causa de los evidentes fracasos o resultados débiles de sus acciones y decisiones. Necesita a toda costa interpretar la realidad en sus bases sean débiles e indefendibles. El domingo pasado el mandatario calificó como logro el aumento del ingreso al país de dinero proveniente de las remesas familiares, en vez de verlo como resultado de la dolorosa situación económica de los guatemaltecos de todos los estratos sociales, sobre todo los de bajos ingresos. Ese dinero no se debe a ninguna acción gubernativa, sino al contrario.

La base de esta afirmación es errada y a ello se agrega el entusiasmo al pronunciar el discurso, basado otra vez en la desatinada creencia de emplear palabras adornadas de sonrisas, con la idea de cambiar el pensamiento popular derivado de observar la dolorosa realidad provocada por la crisis del coronavirus. El gobierno no es culpable de la pandemia, pero sí responsable de la forma como ha actuado para tratar de aminorarla. No se puede hablar con entusiasmo cuando hay más de 40 médicos y enfermeros combatientes en primera línea de fuego. Es claro: la información de hasta dónde llegan los avances no solo es escasa, sino en muchas ocasiones poco confiable, y relacionarla con el ingreso de divisas no puede tener justificación alguna.

Todos los gobernantes y sus equipos de trabajo tienden a considerar más valiosas las acciones y sus resultados. Lo cacaraquean, y ciertamente esta actitud es justificada cuando hay razón, pero nunca cuando se trata de encontrar motivos de alegría y de satisfacción donde no los hay. Pero hay acciones de indudable efecto positivo, como permitir la venta de medicinas a otras compañías productoras para derrumbar la cada vez más fuerte crítica de la relación entre financiamiento de campañas y de la permanencia de empresas en muchos casos vendedoras de medicinas a precios más bajos en países vecinos o muy cercanos. Eso es permitir la ley de oferta y demanda y barre con los monopolios u oligopolios de hecho propietarios del mercado guatemalteco de medicinas.

 

Noruega. Contrasentido
o humor negro

Ninguna duda puede caber. El Premio Nobel de la Paz, entregado a 97 personas y a 23 instituciones y declarado desierto 19 veces, es fundamentalmente político y talvez así debe ser, pero ello lo hace centro de controversia. Un ejemplo de premio no político es el otorgado a la Madre Teresa. Esta semana se conoció la idea de presentar la candidatura de Donald Trump, lo cual repetiría el error del 2009, cuando lo recibió Barack Obama. Y es inaceptable por ser presidentes en ejercicio de la potencia militar más fuerte del mundo. No tiene relación con la persona, sino con su cargo, pues podría iniciar alguna guerra. Contrasentido total o humor negro.

Lo recibieron antes los políticos estadounidenses Jimmy Carter y Al Gore, pero cuando eran expresidente y exvicepresidente, detalle por el cual esos premios no pueden considerarse un intento para beneficiar a alguien. En el caso actual, los noruegos no pueden presumir de inocencia al no tomar en cuenta la lucha preelectoral en Estados Unidos, ni la seguridad del uso electorero de ese galardón. Las normas de escogencia y de entrega deberían tener limitaciones en este sentido: no entregarlo a políticos en activo, ni a quienes desean, pero no han logrado, hacer algo por la paz. Tampoco puede ser otorgado como forma de presión por la paz, como lo prueba haber premiado los acuerdos entre la guerrilla y el gobierno colombiano, luego despedazados por la guerrilla.