A contraluz

La fiesta de los libros y las ideas

Haroldo Shetemul @hshetemul

Por estos días hay quienes tratan de confundir con juegos de palabras que lo único que dejan ver es su simple y llana ignorancia. La ignorancia no es delito, no es pecado, siempre y cuando no se utilice como un recurso de engañabobos. Hago estas disquisiciones a raíz del intento fallido del ministro de Defensa, Luis Miguel Ralda, de tratar de enredar con su ahora célebre frase: “No es una compra, sino una adquisición”, en referencia a los aviones argentinos Pampa III. Tan simple hubiera sido tomar un diccionario de sinónimos para no pasar vergüenzas y comprender que compra y adquisición vienen a ser lo mismo. Si el distinguido funcionario hubiera tenido el sano ejercicio de consultar un amansaburros —término que, según la Real Academia Española, quiere decir diccionario—, sabría que comprar es sinónimo de adquirir, mercar, comerciar y negociar. En sentido negativo, comprar es sinónimo de sobornar, corromper y untar, pero esto quizá hubiera dejado al descubierto el verdadero trasfondo de la transacción de las aeronaves que ningún otro país quiere mercar.

Esta es la importancia de los libros, porque abren la mente y evitan que algunos traten de pasarse de listos. El problema es que en nuestros tiempos cada vez son menos las personas que tienen la lectura como una fuente de conocimiento y placer. No es una deficiencia que ocurre solo en las aulas de secundaria y universitarias, sino entre muchos funcionarios. Guatemala es un país con serios problemas de lectura, según la Prueba Internacional Pisa para el Desarrollo. Esta deficiencia que afecta al sistema de educación del país, también se debe al cambio de hábitos. Sartori (2002) señala en Homo Videns que las personas en la actualidad privilegian la imagen a la lectura. Les basta ver imágenes en la televisión e internet para no tener que pensar y así evitan traducir los signos lingüísticos al significado. Esa evolución ha llevado al homo sapiens, producto de la cultura escrita, a un homo videns que ve, pero no entiende, y es incapaz de desarrollar procesos cognoscitivos, como la capacidad de abstracción.

Para que no traten de timarlo y para desenmascarar esas sinvergüenzadas es bueno acercarse a los libros. No importa si su interés es la investigación científica o la lectura placentera. Desde que el chino Bi Sheng (990-1050) inventó la imprenta de tipos móviles, la cual el alemán Gutenberg desarrolló en Europa 400 años después, los textos se han multiplicado y han acompañado el viaje de la Humanidad. Los libros son amigos entrañables que abren sus páginas para darnos su conocimiento. Hay para todos los gustos. Por ejemplo, si usted desea patentizar su rechazo a esas formas arcaicas como algunos funcionarios gubernamentales tratan de engañar con juegos de palabras, existen libros apropiados. En la Feria Internacional del Libro (Filgua) usted puede comprar, adquirir, mercar o negociar el Diccionario de Insultos, de Pilar Montes de Oca. De esta manera puede insultar, ofender o denostar con propiedad.

La Filgua es un importante esfuerzo de un grupo de editores independientes que han tenido que enfrentar la soberbia de directivos de la Cámara de Industria que tratan de apropiarse de este espacio de arte y cultura. Las razones son claras: primero, arrebatar una actividad que ha rendido frutos y tiene prestigio nacional e internacional, y, segundo, para imponer la censura a aquellos libros que algunos sectores conservadores consideran subversivos o contrarios a la moral decimonónica. Hasta la libertad de pensamiento quieren evitar e imponer visiones estereotipadas. Por eso es importante apoyar la fiesta de los libros, del espíritu, las ideas, la libertad y la vida.