Liberal sin neo

La igualdad como ideal social

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

La igualdad y desigualdad son palabras que ocupan un lugar prominente en las teorías y discusiones sobre temas sociales, económicos y políticos. Son moneda de uso frecuente en el discurso político y causa de organizaciones activistas. Igualdad y desigualdad juegan un papel central en los debates del ideal social, cómo “debe ser” la sociedad, cómo se organiza y el lugar y papel de las personas en ella. Evoca la ilustración y el grito de la revolución francesa en 1789; “libertad, igualdad y fraternidad”, condiciones que solo pueden coexistir bajo ciertos parámetros de definición, sin que sean mutuamente excluyentes.

Las siguientes dos proposiciones son verdaderas. 1) Todas las personas son iguales, 2) todas las personas son desiguales. Igualdad es la correspondencia entre un grupo de personas diferentes, que tienen todas las mismas calidades en al menos un aspecto, pero no en todos los aspectos, igual con relación a alguna característica, con diferencias en otras características. Igualdad es distinto de identidad, que se refiere a una y la misma persona, que corresponde a sí misma en todas sus características —la luna llena y el cuarto menguante es la misma luna—. Decir que todos los hombres o mujeres son iguales no es lo mismo que decir que son idénticos; es una igualdad calificada. Igualdad a secas, equivale a negar la identidad y personalidad individual. Esto no debe confundirse con las ideas del posmodernismo y la interseccionalidad; que el valor y posición social de las personas está determinado por el grupo —identidad— a la que pertenecen.

Una calidad social que hace igual a las personas y constituye un ideal social generalmente aceptado es la igualdad ante la ley; si es de carácter general, se aplica igualmente a todos, sin referencia a posición social, etnicidad o valores personales. Otro sería la igualdad de derechos; los mismos derechos corresponden a todas las personas, sin distinción. Los derechos que puedan corresponder a todos son fértil tema de controversia, ya que entre más abundante sea su enumeración, los derechos de unos se convierten en obligaciones de otros. En la medida que se impongan obligaciones se reducen y limitan los derechos y las libertades. Un tercer ideal, imperativo moral, es la igualdad de trato y consideración, el valor inherente de cada persona es el mismo; “cada uno vale por uno y nadie por más que uno”.

La igualdad de oportunidad es un ideal social abstracto y amplio; conlleva la admonición que inevitablemente conducirá a desigualdad de resultados. Quizás es loable pensar que, en una sociedad justa, cualquier persona tendría oportunidad de convertirse en neurocirujano, que no equivale a afirmar que cualquier persona puede ser neurocirujano. La igualdad de oportunidad solo puede concebirse en un sentido mínimo o categorías básicas; es imposible brindar a todos la misma calidad de ambiente familiar y formación de valores, por ejemplo, que es fundamental. Tiene curso la idea de que el acceso universal a educación es el gran igualador de oportunidades, aunque creo que este concepto se confunde con el principio del “estado educador”, que tiene serias consecuencias perjudiciales para la sociedad en el largo plazo.

La preocupación por la desigualdad se enfoca en el problema equivocado; lo que merece atención y preocupación es la pobreza, particularmente la pobreza extrema. La noción de que la prosperidad de unos es la causa de la pobreza de otros es errónea, propicia el conflicto y es incapaz de ofrecer solución al problema de raíz, que es como elevar la capacidad productiva y oportunidad.