Liberal sin neo

La luz es el mejor desinfectante

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Algo está podrido en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), diría Marcellus, parafraseando una famosa frase en la obra Hamlet, de Shakespeare, para referirse a una situación putrefacta de cabeza a cola.
Las primeras denuncias que saltaron fueron sobre discrepancias entre los datos consignados en las actas, con los números publicados por el TSE, llevando a pensar que el nervio del problema se dio en errores en el proceso de digitalizar los números. Esto ocurriría cuando el digitador ingresa los datos del acta en un teléfono celular y envía los datos digitados al TSE. Fueron 3,200 digitadores que digitaron o transcribieron los datos de 105,495 actas provenientes de 21,099 mesas. Todos los digitadores, “patojos” en palabras de María Eugenia Mijangos, magistrada del TSE, fueron contratados temporalmente y capacitados por el TSE.

Sería de esperarse uno que otro error, pero había otro punto de control más adelante en el proceso. Una vez que el TSE había recibido los datos digitados y las actas escaneadas, trabajadores contratados por el TSE verificaban, en cada caso, que los datos digitados coincidían con los datos consignados en las actas. Si los datos no coincidían se hacían las correcciones. Luego de este filtro, ya se procedía a ingresar los datos al servidor para ser publicados por el TSE. Este filtro debió haber capturado casi todos los errores del proceso anterior, pero no ocurrió así.

De los supuestos errores o discrepancias entre actas y datos digitalizados, el problema escaló a denuncias de fallas en el software utilizado por el TSE, que no tendría capacidad para manejar la cantidad de partidos u opciones, denuncias que otras empresas de informática habían manipulado los datos, hasta declaraciones sobre presuntas conspiraciones y fraude electoral. Lo que ya se sabía con certeza es que algo estaba podrido. El jueves 20, en la página de resultados del TSE, los contadores amanecieron en cero y a mediodía se restauraron los datos, sin que se conociera quién fue el responsable. El sábado 22, el director de informática del TSE, Gustavo Castillo, informó a los fiscales de los partidos políticos que por error humano se había duplicado el conteo de votos en algunos casos. Los magistrados del TSE afirmaron que el lunes 24 se iniciaría la revisión de las 105,495 actas para ser cotejadas con los datos digitados. La esperanza es que este proceso aflore los errores y los corrija. Mientras escribo estas líneas, la última versión es que el software tiene la culpa.

Hay bastante evidencia de errores e incluso de algunos actos deshonestos, pero hasta donde alcanzo a ver, no de una vasta conspiración de fraude electoral en los procesos del TSE. Los mayores actos fraudulentos se dieron antes de las elecciones, con la judicialización del proceso político y las arbitrariedades del TSE. Quizás la cadena de errores empezó con la aprobación de la LEPP. Toma mucho tiempo y esfuerzo construir buena reputación, un instante y poco trabajo para destruirla. Esto es lo que ha sucedido con el TSE. Ojalá se cumpla el aforismo que el error es fuente de aprendizaje.

Hay que sacar todos los trapos al sol, la luz es el mejor desinfectante. Es necesario ir más allá de hacer las correcciones pertinentes para que los resultados finales transcriban con fidelidad lo expresado en las urnas, para descubrir también el origen y naturaleza de las fallas cometidas. La gran mayoría de guatemaltecos quiere creer que se cometieron muchos errores, pero que no hubo dolo ni engaño deliberado en las elecciones 2019. La verdad tiene que salir y estar a la vista de todos.

fritzmthomas@gmail.com