Liberal sin neo

La retórica tiene consecuencias

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

El viernes pasado en el Parque de la Industria se realizaron elecciones del Colegio de Abogados y Notarios (CANG). Por la noche, en un noticiero escuché cuando una reportera, refiriéndose los candidatos a la presidencia del CANG, dijo que a uno de ellos “se le señala de tener vínculos con el sector empresarial”. Es común escuchar o leer tachas, usualmente basadas en dimes y diretes, “vinculando” a personajes a mundos oscuros, como el narcotráfico, el crimen organizado, el pacto de corruptos y otros. Pero me extrañó sobremanera que entre las supuestas tachas de un candidato se le señalara de tener vínculos con el sector empresarial, como si esto de alguna manera lo descalificara.

Quizá no debiera de extrañar, por la retórica que impera en los medios, el sistema educativo y el discurso político. Es una retórica de lucha de clases que ve en la prosperidad de unos, la explotación de otros. Lástima que el término “sector empresarial” pueda tener connotación negativa, porque tiene consecuencias.

Al invocar la retórica imperante, no me refiero a la definición académica del término: “un sistema de procesos y recursos que actúan en distintos niveles en la construcción de un discurso”. Ni cómo la entendían los tratadistas clásicos griegos, el ars bene dicendi, “la técnica de expresarse de manera adecuada para lograr la persuasión del destinatario”. Al referirme a la retórica que impera en nuestro medio, tengo en mente de lo que habla la gente y como habla de ello, las ideas, entremezclando el término con lo invocado por palabras como ideología y paradigma. Cómo el lenguaje diario refleja la ventana a través de la cual vemos el mundo.

El mundo material moderno como lo conocemos despegó con la Revolución Industrial en el norte occidental de Europa, del siglo XVI a mediados del XIX. Sus causas, sostiene Deirdre McCloskey en Bourgeois Dignity (2010), se encuentran en un gran cambio en el pensar común sobre mercados e innovación. Las ideas o “retórica”, el lenguaje sobre la superación personal y la prosperidad, conducente a lo que llama la dignidad burguesa y una nueva movilidad social. La causa “no fue en primera instancia material/económica no fue el surgimiento de esta o aquella clase, ni el florecimiento de este o aquel oficio, o la explotación de este o aquel grupo”. La causa principal fue un cambio en las ideas, en la retórica.

No propongo una total aceptación de la tesis de McCloskey sobre el progreso; sin embargo, es indiscutible que la forma de pensar y hablar sobre el mundo se relaciona con lo que acontece. Por ejemplo, si la creencia general es que los huracanes son provocados por la ira del dios del huracán, esto afectará el lenguaje sobre este fenómeno natural y las acciones encaminadas a prevenirlos. La gente hablará sobre el dios del huracán y hará lo que cree y se dice que él quiere, para calmar su ira. Si la creencia general es que el huracán es un fenómeno atmosférico con causas naturales, el lenguaje y las acciones relacionadas con huracanes, será diferente.

El florecimiento de la actividad empresarial aunada a crecientes niveles de capital invertido por los emprendimientos es factor primario e imprescindible para el progreso de una sociedad. Es lo que crea valor y empleo. El argumento de McCloskey es que la forma en la que vemos el mundo y como hablamos de él, afecta las condiciones para la innovación, la empresarialidad y la inversión. Una sociedad que habla del sector empresarial en términos peyorativos, como parte de un mundo oscuro, no va a despegar económicamente. Necesitamos un cambio de retórica.