La buena noticia

Las bienaventuranzas y malaventuranzas del político

El mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz del presente año se titula “La buena política está al servicio de la paz”. Entre los muchos aspectos importantes que contiene se encuentran las “bienaventuranzas del político”, que recoge del cardenal François-Xavier Nguyễn Văn Thuận, un fiel testigo del Evangelio.

Dado que pronto elegiremos nuevas autoridades, y es urgente superar la mala política corrupta que nos ha gobernado, desde Vinicio Cerezo, 1986, hasta Jimmy Morales, 2020, el mensaje pontificio es de gran actualidad para comprometernos en dejar atrás más de tres décadas de engaños, frustración y atraso al no contar con gobiernos eficientes, transparentes e incluyentes. Es hora de trabajar por una buena política, con nuevos políticos, que le apuesten a la paz. Les ofrezco mi comentario a las primeras cuatro bienaventuranzas unido a las malaventuranzas del político guatemalteco.

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel”. Es decir, tiene claridad de su identidad y tarea. Su rol principal es representar dignamente al pueblo y responder a sus legítimas demandas. Pero ¡ay de los políticos que se desempeñan en función de los intereses de su partido, sus financistas y sus negocios, por eso su presencia en la sociedad está devaluado y desprestigiado! ¡Ay de ustedes políticos mañosos, marrulleros, pícaros, tramposos, aprovechados, oportunistas! Un buen político conoce y valora el significado del cargo que ostenta.

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad”. Es decir, es veraz, creíble, coherente; es una persona confiable, sin doblez, auténtica; políticos con alto sentido de humanismo y sólidos valores éticos. Pero ¡ay de ustedes los políticos que inspiran desconfianza, son mentirosos y falsos. ¡Ay de los políticos que no cumplen la palabra dada, engañan a los ciudadanos y destacan por su mediocridad. Un buen político destaca por su “capacidad, honradez e idoneidad”.

“Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés”. Es decir que tiene como objetivo el desarrollo integral y auténtico de la persona, de los pueblos y culturas. Su vocación de servicio le lleva a dejar de lado sus propios intereses. Lucha por lograr el “buen vivir” de las mayorías. Vive en función de los demás y para los otros. Pero, ¡ay de ustedes los políticos que viven del erario público, recuperan con creces el dinero que invirtieron en campaña y buscan enriquecerse! ¡Ay de ustedes los políticos que ven en las carencias de los pobres un negocio! El buen político impulsa la transformación de las estructuras sociales para garantizar un “conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección” (Juan XXIII)

“Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente”. Es decir que su coherencia se nutre de la solidez de su preparación intelectual, de su altura ética y de su capacidad para administrar eficientemente la cosa pública. Así será coherente con el ideal de un auténtico estadista y de un proyecto de nación incluyente y participativo. Será coherente con la defensa y promoción de los derechos y deberes de las personas y de los pueblos, con la lucha contra la corrupción e impunidad, con el esfuerzo por alcanzar el desarrollo integral, con la implementación de los Acuerdos de Paz, con la capacidad para responder a las legítimas demandas de la población, preferencialmente campesinos, indígenas, jóvenes y mujeres. Pero, ¡ay de los políticos tránsfugas que traicionan a sus electores! ¡Ay de los políticos que practican el clientelismo regalando bagatelas para ganarse el voto! ¡Ay de los políticos populistas que le dicen a la gente lo que quiere oír pero que se sabe que no se podrá cumplir! El buen político lo que dice lo hace: es coherente.