Si me permite

Los deberes cívicos van más allá de la política

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La independencia es una inclinación tan natural y noble en las naciones como en los individuos, que una vez despierta, se desarrolla con fuerza irresistible”. Lucas Alamán

Cuando aceptamos que hay deberes que se cumplen y se observan con todo cuidado porque no hay discrecionalidad, sino obligación en ellos, los deberes cívicos también deben ser entendidos en este contexto.

En estos días es muy fácil mezclar intereses políticos con deberes cívicos y cada uno de nosotros debe reflexionar y estar seguro de que, no importando la inclinación política o los intereses individuales en la ideología que cada partido tiene, hay que escuchar, informarse y decidir por cuál se inclina, pero para cumplir el deber cívico antes que el interés político.

Muchos podrán hacer el intento de persuadirnos de que la política y el civismo son sinónimos, pero debemos recordar que el civismo lo adquirimos como un proceso formativo y como un deber de pertenencia a un Estado, y que debemos cultivar todos los elementos que un buen civismo implica, como en el caso de los símbolos patrios y todo aquello que representa la patria a la que pertenecemos.

Es importante recordar que el civismo bien inculcado nos acompaña para toda la vida y no está sujeto a intereses y gustos, sino a pertenencia y lealtad. Claro está que los años nos van enseñando a entender, en el marco del civismo, las diferentes corrientes políticas y lo que estas proclaman, y cuán apegadas están a la herencia histórica de nuestra patria. Por ello debemos admitir que hay más civismo en el ejemplo de lo que vivimos y practicamos que en los muchos discursos que se pueden escuchar al respecto.

Es muy evidente que los asuntos de política son mucho más contagiosos de lo que la gente se da cuenta, y esto es por los intereses que podamos tener en un momento específico o bien por las personas que nos rodean en dado momento. Por esta razón, la política está fuertemente apoyada en la publicidad para darse a conocer, y en el fondo hay elementos de un clientelismo que, con justa razón, se manifiesta.

En la realidad que nuestra nación está viviendo nos urge revivir un civismo a largo plazo y con apego a la historia que se tiene, para poderlo dejar como un legado no contaminado a los que nos siguen en la vida. Esto no implica que la política no tiene un lugar importante en la vida de un país; por el contrario, sin política no podrá haber Gobierno y Estado. La idea central es no usar una por la otra, porque eso sí es lamentable.

En países jóvenes como el nuestro, lo anterior lamentablemente es fácil de que suceda. Claro está que en el Viejo Continente, donde su historia milenaria les ha enseñado lo suficiente para no caer en oportunismos, saben pensar a largo plazo. Nosotros también podemos aprender de ellos para progresar a un estado de madurez en la política, sin tener que afectar el civismo que nos identifica.

Es bueno que aquellos mayores que nos rodean y han tenido una diversidad de vivencias nos alerten para revivir la mejor parte de nuestra historia, para no cometer errores que en el pasado han dejado experiencias tristes que son difíciles de superar.

Finalmente, seamos gente que políticamente es entendida y sabe escoger lo mejor para nosotros y los que nos rodean, para que tengamos un fervor indescriptible cuando llega el momento cívico en nuestra vida.