La buena noticia

Mártires de la Iglesia en Quiché

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

Publicado el

El Estado guatemalteco, cooptado por gobiernos militares al servicio de elites económicas depredadoras, los mató. Desplegó su racismo y su poder, desarticulando violentamente el tejido social de sus aldeas. Así lo ha hecho siempre. Hoy, la única presencia que ejerce es con fines electoreros de políticos marrulleros y dinámicas corruptas de cada gobierno para consolidar el statu quo que les beneficia, lo mismo al Cacif y a los anti Cicig.

Es enorme la deuda del Estado con sus familias y las comunidades donde ejercieron su liderazgo. Con razón reclaman verdad, justicia y reparación. Ellos actuaron motivados por la fe y el seguimiento de Jesús. Jamás lo hicieron embobados por ideologías marxista-comunistas o reclutados por grupos subversivos que se sublevaron contra el establishment. Así se desprende de los numerosos testigos que los conocieron y contribuyeron con información valiosa para su beatificación.

El pueblo mantuvo viva su memoria, a pesar de la estrategia de terror del Estado. Nunca los olvidó. Eran de los suyos. Ahora son sus héroes, ejemplos de santidad militante a seguir, referencia ética y fuente de inspiración para sus luchas y las conquistas de sus legítimas demandas en sintonía con los valores del Reino. La Iglesia los beatifica, al reconocer la autenticidad de su martirio por odio a la fe, una fe adulta y madura; por su experiencia de discípulos misioneros, hasta entregar la vida por el Reino. Ellos son:

Juan Barrera Méndez, asesinado, después de torturarlo, con tan solo 12 años, en 1980. A esa edad ya era catequista, explicaba el catecismo a los más pequeños y dirigía el rezo del rosario. Domingo del Barrio Batz, miembro de la Acción Católica y sacristán en la parroquia de Chajul, asesinado el 4-6-80, junto a su párroco, José María Gran.

Tomás Ramírez Caba, sacristán de Chajul, asesinado en la entrada de la casa parroquial el 6-9-80. Afirmaba que nunca abandonaría la misión de cuidar la iglesia, aunque le costara la vida. Nicolás Castro trabajó por el bienestar de su comunidad y fue asesinado en su casa el 29-9-80. Fue catequista y ministro de la Comunión. El morral era su sagrario, donde llevaba las hostias, escondidas entre tortillas, desde Cobán. Reyes Us Hernández nació y fue martirizado en Macalajau, Uspantán. Se distinguió como catequista, promotor de salud y miembro del comité promejoramiento de su aldea. Anunciaba la Palabra de Dios y promovía el desarrollo de las personas. Asesinado cerca de su casa el 21-11-80. Rosalío Benito Ixchop, catequista y dirigente de la Acción Católica en la parroquia de Chinique, como “rezador” fue uno de los primeros en animar en la fe a sus hermanos, ante la falta de sacerdotes y guías espirituales. Asesinado el 22-7-82, con su hijo Pedro.

Miguel Tiu Imul, asesinado el 31-10-91. Fue catequista y de la Acción Católica, en Sacapulas. Se le considera “mártir de la no violencia”. Siempre afirmó que no se podía ir con la Biblia en un brazo y el fusil en otro. P. José María Gran nunca ocultó su alegría de trabajar en la zona montañosa de Quiché, recorriendo grandes distancias para fortalecer a las comunidades durante los años de la guerra. Asesinado el 4-6-80, junto a su sacristán.

P. Faustino Villanueva, asesinado el 10-8-80, en la parroquia de Joyabaj. Su sencillez y apertura quedaron patentizadas el día que lo mataron cuando no se negó a recibir a sus asesinos en su despacho. P. Juan Alonso, quien fue cruelmente torturado y posteriormente asesinado el 15-2-81, acompañó a los campesinos en el cultivo de sus tierras y en la construcción de obras sociales para el bien de los marginados.

Siete ciudadanos campesinos e indígenas de Quiché y tres sacerdotes españoles, MSC, “con su sangre fecundaron para siempre la tierra bendita de Guatemala”. (Juan Pablo II, Campo Marte, 1996).