Florescencia

¡Me importa!

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¿Por qué debería importarnos —a ti y a mí— lo que EE. UU. opina sobre los asuntos políticos de Guatemala? ¿Por qué no podemos ser ajenos a la mirada internacional? Porque la voz de los Estados Unidos de América es también la voz de los más de tres millones de guatemaltecos que radicamos ahí. La voz de los guatemaltecos que se hunden en la miseria cada año (la pobreza pasó de 50% a 63% y la pobreza extrema de 20% a 31% en 2021). Y si eso no es suficiente, también porque nadie en su sano juicio puede ignorar a su mayor socio comercial.

Independiente de cualquier narrativa, no podemos seguir ignorando a los migrantes. Es inhumano. Las decisiones de nuestros líderes políticos sobre la relación con Estados Unidos nos afectan y deben importarnos. A mí sí me importa porque soy migrante y sé lo que es estar en otro país sin siquiera tener una forma de identificarte, porque no hay apoyo en los consulados. Sé lo que es trabajar bajo el ardiente sol. ¿Será que solo quienes hemos pasado por esas penurias podemos entender la dimensión del abandono del Estado hacia más de 3 millones de connacionales en EE. UU. y los que viven en pobreza en Guatemala?

Quienes dicen que los migrantes nos fuimos de nuestro país porque quisimos no saben lo que es despertar por la mañana con hambre. No saben lo que es ser perseguido y lo que es ver a la muerte a los ojos. Desconocen que alguien de su familia pasó por las mismas penas para que tuviesen su presente. Uno deja a su familia, amigos y tierra por necesidad y para sobrevivir. Los migrantes de ahora y de antes son héroes que merecen ser reconocidos y dignificados.

Estados Unidos también invierte en los migrantes —con educación y oportunidades— lo sé, porque soy resultado de este sistema y por convicción regresé a Guatemala para extender esas oportunidades a jóvenes, para que no tengan que pasar por el mismo calvario que mi familia y yo pasamos para sobrevivir.

A través de USAID, hemos apoyado al gobierno, la sociedad civil y el sector privado en programas para el crecimiento económico, la protección del medio ambiente, la mejora en salud, seguridad alimentaria y educación. Si no nos importara y dejáramos de contribuir nuestras familias estarían condenadas a seguir migrando y los políticos de siempre seguirán robando el futuro de nuestro país. Los migrantes guatemaltecos, al igual que el gobierno estadounidense, aportamos a las oportunidades de vida en nuestro país. Queremos que los jóvenes y niños de hoy no se vean obligados a migrar, sino que puedan florecer aquí, lograr el anhelado Sueño Guatemalteco.

Desde 2020, con el apoyo de USAID, en Guatemala se generó US$35 millones en inversión extranjera directa, más de 15 mil personas recibieron permisos de trabajos temporales en ese país 361 mil personas recibieron asistencia alimentaria y más de 30 mil jóvenes accedieron a educación y capacitación en competencias laborales. De ahí que como migrante tengo el derecho de reiterar que me importa lo que EE. UU. opine sobre los asuntos internos de Guatemala, porque mi familia, mis amigos, mis vecinos y mis connacionales contribuimos con Guatemala a través de nuestras remesas e impuestos. Lo hago también para honrar a aquellos que en el camino perdieron su vida mientras iban tras el anhelo de ver una Guatemala mejor. Estamos en la era de la tecnología, donde las fronteras ya no existen. Cualquier político que ignore al migrante deberá asumir las consecuencias. Porque como guatemaltecos, estamos cansados de este sistema que nos golpea, un sistema que se alimenta de los más vulnerables, de los que buscan el pan de cada día honradamente.

Porque #TodosSomosMigrantes, ya no debemos callarnos.