Catalejo

Necesitamos entender: comenzó otra Guatemala

Mario Antonio Sandoval

Las crisis provocan cambios. La mayoría de guatemaltecos no habían nacido o eran muy niños cuando hace 44 años ocurrió el terremoto del 4 de febrero de 1976. En 33 segundos, el país se vio hundido en una crisis. Quienes ya éramos adultos en esa época recordamos cómo una carpa en la calle o el jardín era una casa donde se pasaba el tiempo ante el pavor de otro sismo. Fue mucho el tiempo necesario para recuperar el país, pero ya no era el mismo. Lo señalo porque esta crisis mundial causará el inicio de otro mundo y la recuperación tardará años. La política, la ideología, la economía, la religión, la educación, tendrán otras bases ante esta contundente prueba de la pequeñez del ser humano, único capaz de destruirse y destruir al planeta.

Las ideas de cualquier materia deben ser analizadas desde la lógica. Señalo un ejemplo simple: quienes se encuentran en la calle después de las 4 pm se verán aún más afectados si deben pagar una multa de 500 quetzales, cifra en muchos casos equivalente al sueldo de diez días. El tráfico previo a esa hora provoca atrasos debido a los embotellamientos y al llegar tarde a su colonia tienen problemas para entrar. Es aceptable el criterio de castigar a los desobedientes, pero no hacerlo en forma draconiana, es decir excesivamente severa. Quienes salen a la calle de 4 am a 4 pm lo hacen para ganarse el sustento. Por aparte, llevarlos a celdas ya abarrotadas sólo contribuye a aumentar el riesgo del contagio. Obviamente, no se pensó en las diversas consecuencias.

En el campo económico han sido muy positivas las diversas colaboraciones de las empresas grandes, pero no se puede olvidar la necesaria ayuda a las medianas, pequeñas y miniempresas, porque allí está la mayoría de empleos, o de los autoempleos, como son lustradores y vendedores callejeros. Los bancos han tomado medidas correctas y deben estar preparados a cómo actuarán cuando los deudores de préstamos e hipotecas no paguen a causa de la falta de ingresos, sobre todo en los casos de quienes viven al día. El gobierno debe recortar, suspender todos los gastos considerados no urgentes en estos momentos. Es buena la idea el Congreso para destinar el pago de la deuda externa, pero le faltan muchas otras. Y, sobre todo, se debe informar de los planes a mediano y largo plazo cuando termine la crisis, dentro de un tiempo impredecible.

Pero esa distinta Guatemala no será fácil. Aún persisten quienes se niegan a creer porque su preparación intelectual es escasa, aunque tengan fortunas. Un ejemplo es el caso del nuevo Tribunal Electoral, cuya primera acción lo hace peor al anterior: con el pretexto de atrasar el ingreso de la pandemia, decidieron no seguir con los procesos de eliminación de los supuestos “partidos políticos”. Ante este colmo, el presidente Giammattei debe escoger entre afianzar o decapitar su incipiente popularidad sobre todo a causa de los diputados oficialistas, cómplices de la integración de ese ya cuestionable TSE. El nuevo país sólo podrá funcionar cuando sean tomadas las insoslayables medidas indispensables para evitar una segura hambruna, el caballo apocalíptico cercano.

En esa nueva Guatemala habrá cambios fundamentales, como son darle la importancia social debida a la tarea de maestros, médicos y personal hospitalario, entre otros. Como país pobre, las condiciones de la economía deben ser en algo o en mucho distintas a las del primer mundo, para lograr una equiparación dentro de algunos años, cuando se puedan cosechar los frutos. La filosofía ha sido la base del derecho y de la economía, pues el primero enmarca los derechos individuales dentro de la ley y la segunda debe hacerlo en el campo económico, a la vez basado en una idea elemental: el tamaño del planeta Tierra es limitado. Señalar todo esto no es absurdo ni iluso. Solamente es aplicar un poco de razonamiento lógico, necesario pero escaso en estos tiempos.