Catalejo

Nexos entre lengua, gramática y política

La política se relaciona con la lengua y esta con la gramática, para lograr la difusión de las ideas y del pensamiento.

La lengua es el sistema más importante de comunicación humana, aunque existen otras maneras de hacerlo con éxito: los gestos, por ejemplo. Se rige por las normas dictadas por la costumbre y por las entidades encargadas de fijar normas comunes con el fin de facilitar esa comunicación, lo cual se logra por medio de la gramática. No debe extrañar entonces la importancia de la lengua en la política y en la fuerza de las naciones, como lo señaló a Isabel la Católica el humanista Antonio de Nebrija en su primera gramática del lejano 1492. Políticamente, el respeto a las reglas lingüísticas es una de las formas más eficaces de afianzar la nacionalidad y muchas veces de defenderlas de la invasión de palabras y de modas de expresión extranjeras innecesarias.

Es inevitable y hasta cierto punto beneficioso adaptar a la lengua propia vocablos de otros idiomas, con la condición —en nuestro caso— de españolizarlas cuando sea posible. Un ejemplo: la palabra mouse (ratón, en inglés), cuando el inventor de esa parte de las computadoras lo bautizó así. En ese caso, se puede traducir como “ratón”, pero no lo usará nadie. Entonces queda a) “máus” porque en inglés tiene sonido esdrújulo), pero no “mouse” con pronunciación de “maus”. Es necesario indicar esto porque velar por la corrección del idioma no necesariamente significa velar por su pureza, porque esta no existe en las lenguas, de cambio constante, ni tampoco en la sangre como característica étnica.

La defensa adecuada del idioma incluye la aplicación de la gramática y de sus significados. Por eso cuando se habla de lenguaje “inclusivo”, como manera de expresar el derecho de la mujer a ser tomada en cuenta, hay al menos dos gruesos errores. Primero, acusar al español de ser excluyente, lo cual provoca risa porque una de sus características es el género específico, y por ello ya es feminista, en ese sentido. El inglés no lo tiene y por ello podría, talvez, necesitarse de esa especificación. Segundo, nosotros, vosotros y ellos, las tres personas gramaticales, ya incluyen a hombres y mujeres. A causa de ello constituye una redundancia, una repetición y un error de desconocimiento lingüístico, o puede ser un feminismo mal entendido, equivocado y/o ridículo.

Los funcionarios de cualquier nivel están obligados a respetar el idioma oficial. Arévalo no lo hace. Es incomprensible.


A este respecto, hace pocos días se conoció la decisión del presidente argentino Javier Milei de prohibir en los documentos oficiales este tipo de lenguaje y la “perspectiva” de género, porque tampoco es masculina esta calidad inherente e inseparable del ser humano para pensar y actuar. Milei se refirió expresamente a las absurdas ideas de escribir, por ejemplo, “ciudadan@s”, “ciudadanes”, “ciudadanos y ciudadanas” (a menos sea necesario especificarlo). Me pregunto cómo sería la reacción de las mujeres y también de los hombres si un grupo masculino exigiera o solo sugiriera tomar en cuenta la “perspectiva de género masculino”. Provocaría sonrisas irónicas, de sorna o preocupaciones ante tan clara evidencia de desconocimiento y deseo de seguir modas absurdas.

En Argentina, el español “es la lengua oficial y nacional”, como lo es en Guatemala y, creo yo, los funcionarios deben hablar con la corrección debida a causa de la importancia de su cargo, de cualquier nivel. Bernardo Arévalo decidió ignorar esta norma en sus discursos y, con franqueza, no puedo entenderlo. Es el idioma materno de un 70% de los guatemaltecos y es el unificador de este país por su variedad lingüística. Cuando habla como presidente, hay un factor didáctico. No es correcto, no se justifica ni tiene obligación de adoptarlo, porque solo induce a confusión en un país con tanto analfabetismo como el nuestro. Ser “inclusivista” no encaja con su personalidad ni con el doctorado educativo de su padre, en Pedagogía, ciencia muy cercana a la Educación.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.