Catalejo

Noviembre de un año terrible a la libre expresión

Mario Antonio Sandoval

Mañana se celebra el Día del Periodista, en conmemoración al aparecimiento en 1729 de la Gazeta de Goathemala, el tercer periódico surgido en el imperio español. Transcurridos 290 años, esa fecha sirve para ejemplificar el deseo ciudadano de dar informaciones, aunque en ese tiempo estas se relacionaran casi exclusivamente con las actividades religiosas. Duró poco, pero dejó huella. El desarrollo de la tecnología, gracias a la cual con la imprenta se facilitó el conocimiento de la vida colonial, continuó siendo factor fundamental y en el siglo XIX comenzaron a fluir periódicos de tipo político, y la prensa, a través del Editor Constitucional, de Pedro Molina, y el Amigo de la Patria, de José Cecilio del Valle, presentó los criterios tanto conservadores como liberales de esa época.

La divulgación de puntos de vista personales, basados en ideas filosóficas, políticas, religiosas, etc, desde muy pronto fueron consideradas piezas peligrosas por los gobiernos y, en especial, los presidentes. En la lista están casi todos: Barrios, Estrada Cabrera, Ubico. Luego de la Revolución de Octubre hubo un breve renacimiento de la libre expresión, hasta llegar a los tiempos actuales, el público guatemalteco, como el residente en países democráticos, se acostumbró a esa libertad afianzada con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Así estuvo hasta el surgimiento del concepto del fake news (noticia falsa), alegremente adoptado por quienes se molestan por la divulgación de verdades incómodas y muchas veces peligrosas para intereses oscuros.

En Guatemala, como en todos los países del mundo, es perenne la lucha por lograr y afianzar la libertad de expresión, de la cual es una parte la libertad de prensa. Siembre hay ejemplos preocupantes, porque demuestran desconocimiento de la ley, o mala fe. Un juez quiere obligar al columnista y economista Mario García Lara a revelar sus fuentes. El doctor Román Carlos expresó ser víctima de algo similar como resultado de su crítica a una empresa con motivo de revelar sus fuentes de información para escribir una crítica a los altos precios. Está acusado de delito, con lo cual el abogado litigante demuestra su microscópico conocimiento de la Ley de Emisión del Pensamiento. Estas nuevas intentonas fracasarán de manera vergonzosa, siempre y cuando no haya un contubernio para sentar precedente contra la prensa de opinión, como se ha hecho.

En cuanto a los presidentes guatemaltecos, su actitud respecto del periodismo de opinión se puede catalogar de mal a peor. A nadie agrada la crítica, claro está, sobre todo cuando se está rodeado de incondicionales, cuya actitud lambiscona provoca cambios en la manera de percibir la realidad. El caso del actual mandatario cae en lo patético en este campo. Acostumbrado al aplauso de públicos cautivos, reacciona con estupor y furia cuando el público no tiene esa incondicionalidad propia de quienes desean sonreír al escuchar ocurrencias. Quienes señalan los errores se vuelven automáticamente adversarios malintencionados, sobre todo cuando se señalan resbalones ocurridos a nivel internacional. Los ejemplos son abundantes y causantes de rubor.

La realidad internacional también es preocupante. En mayor o menor grado, los críticos son vilipendiados, aunque pronto la realidad les otorgue razón. En este campo, lo ocurrido en prácticamente todo el continente americano, incluyendo Hispanoamérica y Estados Unidos. Poco a poco, una ciudadanía sin darse cuenta comienza a añorar e incluso en algunos casos a pedir regímenes autoritarios, aunque sean evidentes sus efectos terribles. Lo anteriormente señalado no excluye la exigencia a la prensa de cumplir con las leyes y sobre todo a ejercer la libertad, beneficiosa para la sociedad, con firmes dosis de responsabilidad. Se debe defender y exigir el ejercicio de un periodismo responsable. No hacerlo es darle armas a los tiranos y sus admiradores.