Liberal sin neo

Nunca hay que desperdiciar una crisis

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

El tema de fondo no es el presupuesto 2021, sino lo que representa: despilfarro, corrupción, clientelismo y burocracia. Mientras las empresas y las familias se aprietan el cincho y se esfuerzan por pagar las cuentas, la clase política, funcionarios de gobierno, diputados y sus cómplices se enriquecen y se dan la gran vida. Muchos ingenuos solemos otorgar el famoso beneficio de la duda a un nuevo gobierno. Luego llega la decepción, hacen lo mismo; promesas incumplidas, transas y trinquetes, solo que con más presupuesto y descaro. No hay confianza, por eso la indignación; más gasto público, crecimiento exponencial de la deuda, pero todo seguirá igual. Nuevos programas, nuevo departamento de algo, secretaría de esto, comisión de aquello y miles de millones destinados a “desarrollo humano” e “inversión”. No son los Q99.7 mil millones, que quizá no alcanzarían si fueran bien gastados, es que la gente ya no lo cree.

La sociedad dio muestra de auténtico civismo en la Plaza, el sábado pasado, incluyendo familias con niños, enseñando qué es objetar, manifestar y expresarse con conciencia, decencia y decoro. Una orquesta de la música de la democracia. Eso es sano y necesario. Lo que ocurrió en el Congreso, en cambio, tiene otro nombre: terrorismo.

Se le atribuye a Niccolo Machiavelli la primera cita de “nunca desperdicies la oportunidad que ofrece una buena crisis”, y durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill ofreció el mismo adagio. Dudo que los terroristas que atacaron el Congreso el sábado hayan leído a Machiavello o Churchill, o que lean más allá de redes sociales, pintas, carteles o volantes. Es más probable que recibieran instrucciones de alguien que recibió órdenes de alguien que ha hojeado a Saul Alinsky, ideólogo, profeta y autor de los manuales revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX, cuyas ideas han servido de base para adoctrinar a tanto millenial en las universidades en América y Europa. No sería necesario leer a Alinsky, es la misma maleta de trucos de Lenin, Mussolini y Adolf, métodos tan viejos como la demagogia misma. Utiliza el terror para “agudizar las contradicciones”, como dirían los camaradas, podría tambalearse el orden y abrir una puerta por la que podríamos colarnos. Parafraseando a Hannah Arendt: encontrar el poder tirado en la calle y recogerlo.

El asalto tuvo método. Ver video y fotografías del ataque al Congreso es ver las manifestaciones “pacíficas” en Milwaukee y Portland, EE. UU., durante el presente año. Lideradas y acuerpadas mayormente por “estudiantes” universitarios, se dedican a ocupar las calles, derribar monumentos, pintarrajear paredes, quebrar ventanas e incendiar edificios públicos. Es ver lo que sucedió en Chile, donde la chispa fue un aumento a la tarifa del transporte público y la protesta pacífica se dedicó a incendiar y destruir, entre otros bienes, el transporte público. Hay diferentes teorías sobre su origen, pero no cabe duda de que el ataque al Congreso fue obra de agitadores profesionales que no estaban dispuestos a desperdiciar una crisis. El presupuesto 2021 no es problema, es oportunidad.

La actitud del vicepresidente Guillermo Castillo es incomprensible. Una cosa es la denuncia, quizás apropiada, otra es proponer un gobierno de “notables” nombrados por impresentables. Muchos somos los que especulamos y pocos los que saben quiénes están detrás de las diferentes jugadas en la crisis provocada por la chispa del presupuesto aprobado por el Congreso. Si bien no se sabe con certeza quiénes son los actores, está claro lo que los motiva: el poder y el saqueo del erario.