Catalejo

OEA debe informarse con la prensa frijolera

Mario Antonio Sandoval

Para comenzar hoy, Día del Periodista, presento mi firme aunque sin duda inútil protesta por los nuevos atropellos del sábado 28 a la prensa guatemalteca, durante los disturbios provocados por turbas supuestamente oficialistas y/o de gentuza interesada en causar caos, así como de la nueva presión contra Sonny Figueroa por fuerzas policiales. El gobierno cometió la arriesgada decisión de llamar a una misión de la OEA para buscar apoyo, pero pronto verá la mejor fuente de información en la prensa guatemalteca, también frijolera, por representar el sentir de la mayoría ciudadana, cuyo gusto por los frijoles –volteados, parados, cocidos—atraviesa transversalmente todos los sectores del país, pero el gusto por esa delicadeza culinaria no está presente en el Congreso.

Es arriesgado el llamamiento a la OEA, porque su llegada a Guatemala no está exenta de problemas. Uno de sus integrantes participó en tiempos del grotesco Jimmy Morales en el intento de compra de los aviones argentinos Pampa, para convertir a Guatemala en el único cliente en todo el mundo. Los representantes se enterarán de temas muy conocidos en el país para justificar y explicar el creciente rechazo ciudadano al giammatteiato, definición inspirada en el batistato de la Cuba anterior al fidelato. La prensa nacional, sobre todo la de opinión, repito, es la mejor fuente de información y de explicación de quién es quién, y desde cuándo. Evidentemente, no puede dar un apoyo institucional a un gobierno especializado en derrumbar las instituciones del Estado.

La manifestación del sábado último, como siempre, se dividió en dos. Un grupo eran los ciudadanos genuinamente interesados en demostrar su rechazo, en una compuerta cuya apertura es el resultado de nuevos errores, contubernios, corrupción, y con el agregado de una tosudez nunca antes vista en el Ejecutivo. Es sospechosa la presencia de alborotadores. A las 14 horas llegó misteriosamente un bus, incendiado pero apagado por los bomberos; a las 16:00, cuatro jovenzuelos vestidos de negro hicieron estallar bombas de feria frente a la Catedral, con el evidente motivo de causar pánico, pero se retiraron cuando asistentes les increparon su actitud. A las 18 horas, los incendiarios terminaron de quemar el mencionado autobús. De nuevo, el gobierno perdió el control.

Por la tarde, grupos identificados como estudiantes caminaban por la 8ª calle, pero algunos de ellos armados con palos. Por la noche, los policías situados frente al Palacio Nacional de la Cultura, todos desarmados, debieron retroceder ante la andanada de piedras salidas de no sé dónde, lanzadas por una turba armada además de cadenas. El gobierno pidió la presencia del procurador de los Derechos Humanos, pero se zafó al no sentirse obligado a hacer nada, pues corresponde a la Policía enfrentar a delincuentes. Al gobierno no debe preocuparle la repetición de las reuniones sabatinas, sino su aumento en todo el país. Todo ello redunda en beneficio del pensamiento de realizar un pronto cambio consensuado de dirigencia politiquera y su sustitución por gente sin participación en el desgobierno.

El caso del Congreso causa espanto. La directiva se recetó Q3,730,519 de aumento en dietas, además de su salario, comida gratis (no de frijoles, claro) y demás. Equivale a 4,522 salarios mínimos mensuales: Q1,036 de maestros y Q1,585 de policías, cuyos sueldos son Q3,600 y Q2,354, respectivamente. El Ejecutivo guatemalteco es el mejor pagado de América Latina, cifra aún más enorme en el terrible panorama económico por el coronavirus. Es en todo esto donde radica la razón del rechazo ciudadano, aprovechado por quienes quieren causar mal y por los funcionarios decididos a victimizarse. La presencia de la OEA, si está bien representada, solo puede significar un jalón de orejas para quien cree ciegamente en un inexistente país llamado Yamateilandia.