Catalejo

Otra prueba del total desprecio a la cultura

Mario Antonio Sandoval

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El gobierno no desaprovechó la oportunidad de cerrar el 2020 con un menosprecio a la cultura nacional, en su rama de literatura. Fue abruptamente destituido Francisco Morales Santos, valioso poeta y prosista nacional galardonado con el Premio Nacional de Literatura 1988, y quien por 22 largos años fue un protector de los escritores jóvenes y rescató numerosos autores sepultados en el olvido colectivo. Lo hizo en su calidad de director de la Editorial Cultura del Ministerio de Cultura y Deportes. Ya trascendió la innoble causa.
Según parece, el gobierno estaría interesado en destituir a funcionarios en diversos puestos de la administración pública para ubicar a la gente del suprimido Centro de Gobierno, cerrado el 31 de diciembre.

La forma como se hizo fue verdaderamente vulgar y ruin. El 30 por la noche le fue exigida la renuncia; luego le ofrecieron una asesoría y después el viceministro de Cultura y Deportes le aseguró ser ajeno al boletín enviado para informar de la destitución.
Increíblemente, ese comunicado afirma “que ha realizado invaluables aportes a la literatura guatemalteca y ha enriquecido la labor de esta cartera como difusor de las letras guatemaltecas”. Sin embargo, hay una ofensa al afirmar que “los cambios obedecen a una visión moderna de la Editorial Cultura, de acuerdo a los avances tecnológicos orientados a las necesidades actuales de la literatura guatemalteca”. ¿Por qué lo expulsan y al mismo tiempo reconocen con elogio su labor, y para colmo le piden “disfrutar de sus años dorados”?

Como era de esperarse, esa atrabiliaria decisión provocó inmediatas reacciones. A la ola de protestas en redes sociales se sumó la renuncia irrevocable del Consejo Asesor de Letras, integrado por Carmen Matute y Gloria Hernández, ambas integrantes de la Academia Guatemalteca de la Lengua, junto con el maestro Morales Santos; Julio Serrano Echeverría y Luis Méndez Salinas. Igualmente, los académicos de la Lengua Roberto Palomo Silva, Delia Quiñónez, Gustavo García Fong, Mario Roberto Morales y el autor de esta columna. Se adhirieron Carlos López, Ana María Rodas y Gerardo Guinea Díez. No tengo ningún conocimiento de acciones en pro de la cultura tomadas por el ministro Felipe Armando Aguilar ni por el viceministro.

Me uno a considerar abiertamente insensatos los pretextos para destituir al maestro Morales Santos. No solo fue una despedida ingrata para el 2020, sino una bienvenida similar para este naciente 2021. No es necesario ser genio para descubrir la mezcla de ignorancia y mala fe, necesarias para haber aceptado esa orden, tal vez no proveniente en persona de Alejandro Giammattei, pero sí de quienes influyen en él. Estoy seguro que las protestas no llevarán a ningún lado, porque una característica de los mediocres y sus envidias es tratar de eliminar a quienes han trabajado con entusiasmo y dedicación, además de tener las cualidades para realizar la tarea. La ignorancia supina los orilla a considerar fácil ese trabajo y, por tanto, que cualquiera puede hacerlo.
Pésimamente mal empieza el 2021 para la cultura y la historia guatemaltecas, recipiendarias de migajas del presupuesto nacional, dedicado al malsano gasto de compras sobrevaluadas, negocios turbios y vergonzosos enriquecimientos súbitos. Debido a esto, quienes se animan a realizarla lo hacen por verdadero amor al arte, literalmente. El Ministerio de Cultura y Deportes acaba de ser convertido en una mina para aumentar el pillaje y nadie hace nada, porque sus necesidades mínimas tampoco son llenadas por la concatenación de trágicas circunstancias del aciago 2020. Un país y un pueblo sin educación ni cultura en todas sus manifestaciones, populares o de alto nivel, y con ignorancia de su historia, está condenado a desaparecer o a quedar convertido en una aldea cuasi paleolítica.