Catalejo

Para motivar el voto mayoritario: los jóvenes

Mario Antonio Sandoval

En un país donde el 72 por ciento de la población es menor de 35 años, ese dato tiene una importancia crucial y debe ser analizado en las diferencias del resultado electoral como consecuencia de la participación o la ausencia de las urnas de estos jóvenes, así como de las razones necesarias para motivar su presencia. El gran reto es lograr siquiera el mismo porcentaje de participación obtenido en las elecciones anteriores, difícil porque en este momento no hay razones suficientes para convencerlos a ir a votar. Esto se debe a todos los descubrimientos recientes relacionados con los personajes de la política, no solamente vieja sino llena de defectos y taras causantes de la actual situación política, trágica, vergonzosa y producto de la más abyecta irresponsabilidad.

Debe señalarse además la enorme cantidad de diferencias del grupo social unificado en el factor de una determinada edad. Ser joven en la urbe capitalina, es totalmente distinto a serlo en las cabeceras departamentales de primera importancia, en las de segunda, en los municipios en cualquiera de sus divisiones. La separación étnica también es factor fundamental: las diferencias entre ser ladino, o integrar una etnia de docenas de miles de personas, también son notorias, pero además existen, entre el nivel de importancia auto otorgado por sus integrantes con respecto a las demás. El factor educativo es igualmente un elemento de división, y todo esto no es resultado de una actitud voluntaria o mal intencionada. Son simples realidades, imposibles de soslayar.

La capital es, en sí misma, un caleidoscopio poblacional y por ello los jóvenes no escapan a divisiones. No es lo mismo haber nacido en clase alta o media alta, con educación privada, en áreas urbanizadas estilo primer mundo, a hacerlo en las áreas marginales, donde el factor de la inmisericorde relación con el crimen organizado en las maras, resulta ser la fuente de las “leyes” sociales. Todo esto tiene relación y en muchos casos define la posible por la participación en las elecciones. Constituyen un grupo social de características particulares: el desinterés por participar e una actividad desprestigiada, como la politiquería, y esta actitud tiene razones distintas en los jóvenes de mejor suerte económica, familiar y educativa, pero lleva a lo mismo: el rechazo.

Es importante analizar el factor del rechazo o al menos crítica despiadada a la generación de sus padres —nacidos entre 1945 y 1980— y por ello integrantes de la generación causante, del desastre político actual del país por numerosas razones no siempre atribuibles a sus miembros. No se puede olvidar el desconocimiento de la historia, nacional y mundial, de los guatemaltecos, porque sin ese factor es imposible no entender —ello no significa aceptar, ni añorar— las causas locales y foráneas de los fenómenos sociales, políticos y económicos. Es igualmente innecesario mencionar la nefasta actitud del simplismo para juzgarlos y entenderlos. En el mundo de mensajitos de 80 palabras o menos, esto es inevitable.

Quien de manera serena se pregunta por qué causas un joven se puede convencer para votar, es evidente su ausencia. Las figuras políticas, las hordas de seguidores ciegos y malintencionados conocidos como “partidos políticos”, la ausencia de nuevas caras y, peor aun, de ser una imitación empeorada de quienes han heredado supuestos liderazgos de autocracia tropical mezclada con monarquismo y/o mesianismo, constituyen —todas ellas y otras muchas— razones sólidas para ausentarse de las urnas o votar nulo como una medida de justificada protesta ante las décadas de desmanes y sobre todo de corrupción. La participación de los menores de 40 años se logra con medidas como limpiar la mesa de maleantes. Es una tarea difícil, como lo comprueba el increíble pacto de corruptos.