Ventana

Pedir perdón a los jóvenes

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

Me impresionó mucho escuchar, en el IV Encuentro Ciudadano, ¿Elecciones Libres… O Democracia Secuestrada? realizado por la Fundación Libertad y Desarrollo, a Dionisio Gutiérrez, presidente de esa fundación, quien tuvo la acertada iniciativa de invitar a un grupo de jóvenes, pedirles perdón por el país que les estamos dejando. Guatemala está en completo abandono. El Estado está totalmente desestructurado. Sus instituciones están cooptadas por funcionarios corruptos vinculados al narcotráfico. “¡Cuidado! Podemos convertirnos en un Estado narco como Venezuela, advirtió el Clarinero. Cito las palabras de Dionisio a continuación:

“Vivimos tiempos marcados por el declive del hombre público, el desprecio por la política y la destrucción de la democracia. Esto representa una amenaza para la estabilidad y el futuro de las naciones. La causa del fracaso de los países está en la política. Y en la política está la solución. Por eso es imprescindible rescatarla y devolverle el brillo y el prestigio necesarios para que la fuerza y la autoridad para cumplirla sea la razón de su existencia. Rescatar la política es una responsabilidad ineludible de los ciudadanos, sobre todo de los jóvenes. Hoy celebramos que nos acompañen casi 200 jóvenes, de 17 y 18 años. Vinieron a participar en este evento. Los saludamos y les pedimos que sean los ciudadanos que Guatemala necesita. Lo que corresponde es pedirles perdón por el país que les estamos dejando y espero que, a sus hijos, ustedes puedan contarles una historia distinta”. Muy cierto. Necesitamos generar una nueva historia.

Viene a mi mente una fuerte reflexión de Dee Hock, el creador de VISA Internacional, que dice: “No se fracasa cuando uno logra un poco de lo mucho que pudo soñar. Se fracasa cuando uno sueña poco de lo que podría llegar a ser”. Ajá, el fracaso es soñar en pequeño. ¿Qué sueño de país forjaron y pusieron en marcha los ocho presidentes electos y sus gobiernos desde la reapertura democrática en 1986? En mi opinión, sueños mediocres, propios a sus intereses personales, alejados del enorme potencial que como país podemos ser. Por eso estamos padeciendo niveles inadmisibles de corrupción, pobreza, desnutrición, falta de cobertura educativa con calidad…

Hace unos días caminaba muy temprano de la mañana por una de las calles donde vivo. Me detuve a contemplar cómo se había abierto una grieta en la pesada plancha de cemento gris de la carretera y por ella emergía, con una fuerza admirable, una frondosa plantita de color verde intenso. Imaginé que esa matita verde se parecía a Guatemala. Que así de aprisionada se encontraba. Escuché que la minúscula planta me decía: “Guatemala es un país increíble por su clima de paraíso, por su posición geográfica, por su gente amable y resiliente. Tiene todas las posibilidades para crecer y ser próspera. No hay que darse por vencidos. ¡La vida aquí germina!”. El reto de las nuevas generaciones es tener sueños grandes, sueños de nación. Es preciso sacar a Guatemala de ese espacio minúsculo que la está asfixiando. En este año político los candidatos y sus equipos de gobierno, “porque una golondrina no hace verano, “deben incluir a los jóvenes en sus programas para que participen con sus propuestas propositivas. No olvidemos que Guatemala es la punta del puente que une el norte con el sur del continente americano. El istmo centroamericano es el más importante del mundo (este tema da para otro artículo). Este puente estratégico, geopolítico, ha sido un paso que ha propiciado la vida, la fauna, la flora, las culturas, el comercio. En este tercer milenio es clave para la economía y la política mundial. ¡Ya no puede utilizarse para actividades delictivas, como el trasiego de drogas! Su vocación es inmensa. Enfoquémonos en ella.