Catalejo

Pérez de Antón, política y filosofía

Mario Antonio Sandoval

No escribí este artículo. Lo hizo mi admirado amigo Francisco Pérez de Antón. Son frases de su obra “La corrupción de un presidente sin tacha” llena de su excelente narración, y de la actualidad del país, así como de filosofía política y temas éticos, dispersos en el libro. Reuní algunos y los reproduzco sin orden específico, cuidando de no penetrar en la trama. Es necesario preguntarse con cuáles de ellas los lectores no estamos de acuerdo porque vienen de su experiencia vital y su humanismo. Antes de comenzar, doy lugar especial a esta: “Los medios se han convertido en voz que clama en el desierto. Denuncian corrupciones y delitos y lo que obtienen a cambio son agresiones, ataques a sus páginas digitales o amenazas de muerte”. Gracias, Paco.

POLÍTICA. La sociedad ha cambiado, pero la política no, y menos aún los políticos. Guatemala tiene una cultura política provinciana con rezagos del siglo XVIII, prácticas del XIX y nostalgias del XX. El populismo… brota del estiércol generado por élites corruptas. Serrano Elías, Ríos Montt, Álvaro Arzú son la vieja escuela, que por tradición tiene al pueblo por un retrasado mental. La política es un medio para alcanzar objetivos económicos y da lo mismo que quien la utilice sea empresario o político. No hay sinceridad. Y el bobo que se atreve a practicarla muere de sincericidio. El mundo de la política es impuro y traidor, lleno de cabrones. Si la guerra es la política por otros medios, la política es la guerra por todos los medios. Es conspiración permanente y su regla esencial es el reemplazo.

CORRUPCIÓN. Es la herencia política que hemos recibido de quienes años atrás prefirieron la corrupción a la justicia. Una democracia corrupta, cada día más dependiente del narcotráfico y el dinero ilícito. Es de puerta giratoria. Entran unos, salen otros, y nada cambia, ni dentro ni fuera. La corrupción es un asunto cultural. Es una insinuante prostituta que seduce, sugiere y enseña algunas partes de su cuerpo, pero no entrega nada hasta que no se le paga en efectivo. Nuestros congresos son una mezcla de oligarquía aldeana y caciquismo de pueblo. Salvo raras excepciones están integrados por gente acostumbrada al apaño y colocada allí por narcos, tatascanos y ricachos de provincia. A veces no saben ni hablar. Hoy, (ser diputado) solo supone una oportunidad para hacerse rico.

ÉTICA. Todo empieza en la corrupción del espíritu. Este cede y se corrompe cuando la conciencia se cansa de luchar. Uno puede corromper el alma a causa de la envidia, la venganza y el odio. Todos nos corrompemos cuando pervertimos nuestros buenos sentimientos. Querer ser bueno en política es una quimera por la sencilla razón de que los malos no te permiten que lo seas. La moral no reside en los principios sino en los resultados. Es torpe pretender aplicar los principios de la ética privada a los de la vida pública. El camino hacia el bien no es precisamente el de la rectitud… yo soy el mal que conduce al bien. Un moralista considera inmoral todo aquello que hace feliz a todos los demás pero no a él. A menudo son tan nocivos que solo consiguen que el mal se multiplique.

IZQUIERDA Y DERECHA. Como a toda persona, le sublevan la nostalgia y los lamentos de una izquierda envejecida. Una de las cabezas visibles de la derechona conservadora a la que sus adversarios motejan de santa, bucólica, melancólica y pagana. El patriciado nacional abdicó de la participación política directa y se convirtió en un torpe grupo de presión. El poder es una clase. La que gobierna y la que aspira a gobernar. El poder del presidente no viene del pueblo que le votó. La nuestra no es una democracia representativa, sino otra de poderes periféricos. El poder para el pueblo no es más que un espejismo.

CONGRESO. Han hecho de la intriga un juego y de la legislación un negocio.