La buena noticia

Poder económico y político, cuestionados por Jesús

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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Los textos del Evangelio que reflexionan las comunidades eclesiales, tanto el del domingo pasado como el de mañana, contienen elementos para colegir una crítica al poder, ya sea económico o político, hecha por Jesús de Nazareth. Cuando a Jesús se le acerca una persona muy rica materialmente porque sabe acumular y no compartir ni invertir en los demás, le permite plantear a sus oyentes el alto riesgo de la riqueza como obstáculo para forjar la nueva sociedad. Aquel hombre se esforzaba en ser una persona justa, pues cumplía los mandamientos, pero su riqueza lo hacía responsable de la sociedad injusta en la que vivía.

Para construir la nueva sociedad no basta ser justo personalmente, hay que invertir en los pobres y luchar para eliminar la base de la injusticia, la desigualdad y la dependencia creada por la acumulación de riqueza. El mundo de hoy está dominado por la ideología neoliberal capitalista; es decir, por el sistema económico que hace de la riqueza una idolatría y alienta la fiebre posesiva del acaparar y de la especulación financiera de los pocos que tienen, pueden y saben.

Esta es la raíz de tener sociedades injustas e inequitativas, donde prevalece la dinámica del más fuerte sobre el débil, manejándose con el criterio irracional y suicida del “sálvese el que pueda”, imponiéndose sobre aquel otro “nadie se salva solo”, del papa Francisco. Por eso mismo somos un país atrapado entre las redes de la gran corrupción dinamizada desde quienes están en el poder y tienen las Cortes de su lado; entre el crimen organizado local y transnacional que se mueve como pez en el agua, dejando su secuela de muerte, miedo y empobrecimiento, y entre el fanatismo religioso como herramienta para engañar y manipular al pueblo.

El Evangelio de mañana muestra el círculo más cercano de Jesús haciendo lobby para ocupar puestos de poder. Santiago y Juan encarnan la actitud autoritaria de aquel grupo. La ambición de poder, la lucha por los primeros puestos destaca en todos, pues también los otros se indignan. Esto le permite a Jesús denunciar el poder político, otra idolatría que deshumaniza y oprime al ser humano, no solo en las relaciones interpersonales sino entre las naciones, donde los gobernantes y los poderosos utilizan el poder para abusar y humillar a los pueblos. A la lógica del poder, él contrapone la lógica del servicio y de la fraternidad: “el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos”.

Cuando el ejercicio del poder se orienta a la búsqueda de intereses personales y de las élites por encima de los demás y del bien común, los pueblos, tal como sucede en Guatemala, van a la ruina, se empobrecen y se estancan en el más absoluto subdesarrollo y en la más escandalosa miseria. En todo grupo humano, ya sea político, económico, religioso y hasta eclesial, cuando alguien quiere dominar sobre los demás, se desmorona, pierde cohesión, unidad, capacidad organizativa e incisiva en la construcción de la nueva sociedad. Las ambiciones de poder que respiran los discípulos son las mismas que inspiran a los gobiernos y poderosos de la sociedad, incluso hasta en la misma Iglesia, aunque haya formas sutiles de ocultarlas.

Conocemos los estragos causados por la ambición de poder no solo en nuestro país desfigurado por la injusticia y la pobreza, sino dentro de la misma Iglesia, donde hay arribistas y trepas con caritas de humildad cachureca, pero que pretenden ser más y someter a los otros. Todos tenemos poder, hay que reconocerlo. Pero si queremos seguir a Jesucristo solo ejercemos bien ese poder como mediación del amor que sirve.