Catalejo

Politiquerocracia y sus negros efectos

Mario Antonio Sandoval

Desde hace algún tiempo se ha usado un nuevo término: kakitocracia, es decir, gobierno de los peores, y este concepto incluye la politiquerocracia, o sea el gobierno de los politiqueros, individuos nefastos con una gruesa capa de vileza y definida como lo más despreciable de una clase. El futuro inmediato, mediato y a largo plazo de todos los guatemaltecos se encuentra a la merced de las acciones de esta gentuza miserable. Un componente adicional es la actitud de aceptación no desprovista de cobardía, desde las filas de la ciudadanía. Esto se puede explicar porque tomar parte se ha vuelto un seguro pasaporte al desprestigio personal como resultado de la participación real o aparente, obligada o no, en la verdadera causa de todos los males: la corrupción.

El panorama del país es aterrador. El coronavirus ya ha entrado en serio y derrotará con facilidad a los cada vez más escasos pero valientes médicos, enfermeras y resto del personal, cuya lucha silenciosa ejemplifica el espíritu de sacrificio, literalmente, necesario para ejercer medicina en Guatemala. Cada día se conocen inmoralidades en muchas compras de medicinas e insumos, al continuar el contubernio entre corruptos, con el total desprecio a la vida humana. Emergen las trabas burocráticas y los pretextos. Se observa, como siempre ocurre, al gobernante hablando en referencia a un país imaginario, sin darse cuenta de cómo hace de mal al obedecer a sus asesores extranjeros y dar supuestos mensajes de esperanza. Se vuelven burlas sangrientas.

La naturaleza está dando mensajes muy claros. Desde ayer comenzó a verse en varias partes del país una nube de arena microscópica proveniente del Sáhara, a diez mil kilómetros de distancia, luego de cruzar todo el océano Atlántico y causante de una neblina convertida en un telón. Podría aliviarse en algo por las lluvias, pero se ha anunciado su ausencia los días más peligrosos, hoy, mañana y el viernes. Por aparte, a causa de haber llovido aumentan los derrumbes en las laderas, cada vez más erosionadas, y se llevan viviendas, tapan caminos, y demás. Los efectos para respirar y tragar aumentan el peligro del coronavirus. Si viviéramos en tiempos del politeísmo, podríamos explicar esto como un furioso castigo de la ira de los dioses por las acciones del Hombre.

Guatemala está en un callejón sin salida porque hay demasiadas atrocidades por arreglar en forma inmediata y simultánea. En el Congreso la elección de la Corte Suprema de Justicia llevará a más de lo mismo porque los diputados se rehusarán a tomar en cuenta la capacidad, experiencia y sobre todo idoneidad y ética de candidatos y electores. Participarán quienes visitaron a Gustavo Alejos, y ello asegurará la llegada de gente favorable a él, es decir, la corrupción más pura. Se derrumbará totalmente la imagen del sistema judicial y ello significa afianzar el reinado de la mordida, intereses creados y de la llegada de títeres, fantochescos no de magistrados. Desde la economía esto cierra la puerta a inversiones, al eliminar la seguridad de juicios no amañados.

Poca duda cabe: no funcionaron los planes gubernativos contra el coronavirus, cuyo avance comprobó ser imparable, en especial por las condiciones del sistema hospitalario debido a la corruptocracia. Es necesario reactivar la economía, pero sus promotores deben explicar qué exactamente entienden por eso y cuáles consecuencias son aceptables como efecto. Debe ser consensuada por el gobierno y el sector privado, no solo el grande, sino también el intermedio y sobre todo el pequeño y el informal, donde radica el mayor porcentaje de empleo. Todos deben aceptar la urgencia de eliminar y castigar a la corrupción porque si no se hace, todo será más de lo mismo. El tiempo apremia: esta semana y la próxima marcarán el ataque de la nueva ola de coronavirus.