Catalejo

Populismo, antípoda del neoliberalismo

Mario Antonio Sandoval

Publicado el

Los problemas socio-económico-políticos latinoamericanos son muy variados y de profundidad histórica. A esto se agrega la distinta composición étnica en el porcentaje de la población con sangre de las culturas, muchas veces de nivel superior pero distinto a la cristiana europea, cuya principal superioridad radicó en dos desconocidos tipos de armas: las de fuego y los cañones y la pólvora. En este brevísimo resumen no caben muchas otras diferencias, pero sí hay sitio para destacar un factor a mi juicio muy necesitado de más análisis: la primacía del grupo sobre el individuo y la relación del hombre con la naturaleza, criterio presente en todos los grupos humanos a lo largo y ancho del más largo continente del planeta Tierra, ahora amenazado de muerte.

En los últimos 150 años, o un poco más, se profundizaron dos criterios: uno, el rey de la Creación otorgado al ser humano, y el de la imposibilidad de acabar con los recursos o de, a causa de ello, poner en riesgo al planeta —la casa de todos— y provocar la extinción de la raza humana. A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial el hoy llamado neoliberalismo. al convertir en concepto absoluto e ilimitado la idea de la libertad humana, sin analizar sus efectos, tuvo como resultado la permanencia de las ideas socialistas. El avance de los adeptos a cualquiera de los extremos fue el resultado del descuido de las democracias liberales para propagar los beneficios del sistema, luego dados por hecho por las generaciones siguientes, sobre todo los mileniales.

Esto ha sido especialmente notorio en los países latinoamericanos, donde son comunes los bajos niveles de educación y altos los de población, lo cual provoca el aumento de personas con deplorables e inaceptables condiciones de vida. Los países del sudeste asiático, incluido Vietnam, son ahora muy poderosos económicamente. Al final de la segunda guerra en 1945, la masiva asistencia estadounidense fue el factor económico principal para esa ayuda, de enormes efectos a causa de una mínima corrupción, planes a largo plazo y la cercanía de algunos criterios en los partidos de diverso signo ideológico. El progreso de Europa, afianzado con la unión implícita en la moneda común euro la llevó a ratificar su calidad de zona de primer mundo.

El populismo es aceptado con facilidad por su disposición a mentir de manera descarada al ofrecer imposibles. El neoliberalismo no es aceptado porque para buscar el bien general al principio toma medidas económicas de alto costo social, ofrecidas para durar un tiempo corto pero luego no cumplidas a cabalidad. La corrupción está presente en ambos sistemas, ahora simplificados en “derecha” e “izquierda”, sin especificar cuáles características deben presentar para ser calificados de esa forma. Un problema clarísimo es la ausencia de límites y de definiciones de términos tanto políticos como económicos y sociales. Eso crea un caldo de cultivo para la esperanza, un estado de ánimo superior al sentido de la realidad, porque esta suele ser dura y cruel.

Es urgente crear un glosario de términos con significados consensuados, porque cada quien interpreta a su manera ambos criterios político-económicos y esto impide lograr avances. Los feligreses de cada una de esas corrientes de pensamiento necesitan aplicar en sus análisis el viejo refrán español “del enemigo, el consejo”. Al señalar los errores de otro para descalificarlo, en realidad se le está diciendo cómo actuar para borrarlos en forma total o parcial. Una antípoda es la posición diametralmente opuesta a otra y en la política imposibilita llegar a acuerdos. Se debe buscar siguiendo a Aristóteles, con su teoría de lo correcto como aquello situado entre dos extremos, no necesariamente equidistantes, pero capaces de dar el equilibrio sin el cual no hay avances.