Catalejo

Posible aumento de la dizque partidocracia

Mario Antonio Sandoval

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Una de las peores posibilidades de las siguientes elecciones en el 2023 es el aumento de las agrupaciones politiqueras, diz-que-partidos políticos, a pesar de solo llenar una o dos de las condiciones indispensables para ser considerados tales. El resultado inevitable será obligar a un aumento del tamaño de las papeletas de esa lotería electoral jugada cada cuatro años con menor participación popular, aunque engañada, y mayor desprecio al sistema de elecciones sobre el cual se pensó ingenuamente en 1983, hace 38 años. Los nacidos hace menos de ese tiempo solo han vivido en un lapso donde ha reinado la burla a la ley y el libertinaje de participación y de organización de hordas sin vergüenza y dispuestas al pillaje, la corrupción y la destrucción del estado de Derecho.

De 1954 a 1983 participaban dos partidos ideológicos nacidos de momentos históricos: el Movimiento de Liberación Nacional, inspirado en el derrocamiento de Árbenz, y el Partido Revolucionario, basado en los principios de la Revolución de Octubre de 1944. Se le agregaron los partidos Institucional Democrático, la Central Aranista Organizada, organizados para dar base política a los gobiernos militares ya visualizados en el horizonte y ajenos al MLN, colocado en una extrema derecha. Se conformó la Democracia Cristiana Guatemalteca, como filial de los democristianos de Europa, donde se le consideraba conservadora y derechista, pero en Guatemala fue calificada de izquierdista y estaba integrada en su mayoría por políticos jóvenes y de un progresismo dentro del sistema.

Durante el lapso previo a las elecciones del 85, con la nueva Constitución se facilitó la creación de partidos políticos, con la ya mencionada ingenua idea de facilitar la legitimidad interna, pues los partidos tradicionales eran feudos cuasi monárquicos donde unos pocos dominaban. El primero de esos partidos nuevos fue la Unión del Centro Nacional, “ni de derecha ni de izquierda”, y despertó una esperanza ciudadana asqueada de esas características de la política. Su aporte fue el de dirigir al partido como una empresa, afianzó con eso los intereses personales, quedó en segundo puesto en la segunda vuelta, pero fue derrotado por la maquinaria política de la DC y publicidad vacía de contenido. Así llegó el delicuente y autogolpista Serrano.

La muerte de sus caudillos mató también a otros partidos, como la UCN y el Frente Unido de la Revolución. Se inició entonces la superpoblación de pseudo partidos y pseudo líderes, muchos de los cuales desaparecieron al ser incapaces de tener ni un cinco por ciento de votos, ni de colocar siquiera un diputado. En la actualidad hay grupos definidos ideológicamente y son izquierdistas, con lo cual sus posibilidades de victoria son muy modestas: la URNG se autodenomina heredera de los grupos guerrilleros ilegales del conflicto armado interno; Winaq y el Movimiento por la Liberación de los Pueblos se basan en afianzar la separación étnica; Semilla, en un neoizquierdismo intelectual, todos alrededor de un liderazgo cuasi monárquico similar a los grupos cuya imagen es ser “de derecha”.

Se afianzó la etapa de partidos a-ideológicos o anti-ideológicos con nombres como Patriota, Unidad Nacional de la Esperanza, Unionista, el primero ya desaparecido y el segundo con el agua al cuello por el desprestigio y corrupción de sus dirigentes, diputados y funcionarios. En diez años vivirá ninguno de los existentes hoy, pero sí continuará el pillaje al país. La terquedad de no hacer cambios reales a la Ley Electoral y de Partidos Políticos redunda en el incremento de la vergonzosa farsa politiquera. Hoy están en trámite 26 nuevos “partidos”, 14 en comité y 12 en grupo promotor. Entre sus nombres: Comunidad Elefante, Cabal. Suma, Jaguar y Azul. O sea: habrá guatemaltecos elefantistas, jaguaristas, azulistas y cabalistas. La horda politiquera logrará aburrir a la gente, para facilitar segundas vueltas con porcentaje minoritario.