Catalejo

Primer y rápido efecto de la misión de la OEA

Mario Antonio Sandoval

Menos de cien horas bastaron para ver los efectos iniciales de la visita de la Organización de Estados Americanos, llamada por Alejandro Giammattei con la peregrina idea de encontrar apoyo. El anuncio conjunto del mandatario y del vicepresidente Guillermo Castillo fue sorprendentemente positivo cuando el verdadero segundo de a bordo del gobierno llevó la voz cantante, con firmeza. El mandatario habló con claridad y aparente serenidad, pero oculta molestia. Ello explica el “lapsus” de no haber anunciado la desaparición de ese absurdo ridículo denominado en forma pomposa Centro de Gobierno. Cuando se lo recordaron en el pasillo, regresó para decirlo, con voz veloz, y salir en forma apresurada. Pero lo dijo y desde ese momento ya no tiene alternativa.

Es imposible, sin empeorar la mala imagen, incumplir con todas esas promesas, entre ellas atender a las personas afectadas por la pandemia, reconstruir las amplias áreas del país afectadas por las terribles depresiones tropicales Eta e Iota, reformar (ojalá para poner orden) el Presupuesto 2021, agregarle rendición de cuentas y reactivar la economía. No es ningún logro pedir la renuncia al gabinete el 31 de diciembre, lo cual ha sido tradicional, pero será la forma de hacer a un lado al ministro de Gobernación y a otros. Debe recordarse la indudable presión a muchos miembros del gabinete por sus familias, molestas por la forma equivocada y caprichosa del actuar de este gobierno. Podría calificársele de una salida airosa, pero urgente.

El mandatario –ojalá- ya parece haber comenzado a entender las múltiples razones del rechazo popular, así como las constantes sugerencias de, entre otros, comentaristas de opinión e integrantes de tanques de pensamiento de todas clases e ideologías. No debe caer en la tentación de darle a Miguel Martínez otro puesto de muy alto salario, en vez de nada más expulsarlo del gobierno y dejarlo en casa. Sería una burla más. El viernes ciertamente disminuyó en algo la crisis política, pero aún quedan cenizas humeantes. Para apagarlas debe cuidarse de cumplir con exactitud lo prometido, consciente a cabalidad de tener la vigilancia de los ciudadanos guatemaltecos, de la OEA, la ONU, el próximo gobierno estadounidense y muchos otros. Es evidente que el llamado a esa entidad fue un bumerán.

El país está urgido de ahorros y de gastos coherentes con la realidad. Ese dinero debe ser enviado a donde se necesita, y no a cloacas politiqueras como el Congreso, con un escandaloso presupuesto de Q1 mil millones al año (2.4 millones diarios). También las plazas fantasma; los consejos de Desarrollo, pozo seco de corrupción de Q4 mil millones al año (Q11 millones diarios o Q1,375 por hora laboral), o el cooptado Ministerio de Desarrollo, con Q7,600 millones (20.8 millones diarios). Se necesita voluntad y valor políticos para poner en orden a los chantajistas sindicatos públicos, eliminar el listado geográfico de obras y reducir los sueldos de la altísima burocracia. Es complicado, pero a Giammattei le ayuda su promesa de no pasar a la historia como otro impresentable más.

Las acciones dirigidas ahora por el vicepresidente Castillo no son nuevas, al estar asignadas por la Constitución. Si Giammattei cumple, podrá solicitar el apoyo popular, hoy mínimo. Me alegra el llamamiento a la OEA porque exigió la promesa de pasos en tiempo récord. El apoyo popular llegará según se enfrente al Congreso y haga un tanto con el Tribunal Supremo Electoral y el Ministerio Público, entre otros, y se arregle la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad. No se debe felicitar a quien ofrece cumplir con un deber por el cual luchó por lustros. La desconfianza desaparece gracias a acciones éticas, positivas, correctas, legales. Podría lograrlo, si y solo si comienza con el cambio de su carácter conflictivo.