Catalejo

Puede ser el principio de un derrumbe político

Mario Antonio Sandoval

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La salida abruptamente anunciada, aun cuando haya sido decidida hace algún tiempo, de los ministros Gendri Reyes, de Gobernación, y Pedro Brolo, de Relaciones Exteriores, permite llegar a algunas conclusiones basadas en la conocida lógica de Alejandro Giammattei. Son dos de sus colaboradores más cercanos y comparten también haber sumado errores de todo tipo, producto de su falta de capacidad real para el cargo, tema del cual se ha comentado mucho entre los ciudadanos y entre numerosos de los comentaristas independientes de prensa. En resumen, algo muy serio debió ocurrir para convencer al mandatario u obligarlo a tomar la decisión. Sus sucesores son poco conocidos para el público, pero ese es otro tema, igualmente lleno de misterios.

Gendri Reyes demostró la equivocación de nombrar a alguien sin conocimiento de cómo emplear a las fuerzas civiles de seguridad del Estado, un impedimento cuando hay manifestaciones de ciudadanos salidas de control. Mandar a fuerzas militares o militarizadas casi siempre se convierte en un empeoramiento de la situación. Un ejemplo es el incendio del Congreso causado por turbas, con el extraño elemento de haber adentro de las instalaciones artefactos con los cuales los pocos policías en el lugar hubieran podido actuar con mejores resultados. La forma brutal de acción de elementos de la autoridad provocó rechazo de la población. Todo ello comprobó la falta de capacidad para controlar ese tipo de asuntos y debilitó la posición del ministro.

Pero lo peor fue la forma como actuó en la trifulca de Nahualá y Santa María Ixtahuacán. Fue indignante ver la escasa cantidad de agentes, para ajuste de penas desarmados, huyendo despavoridos ante la turba de enardecidos vecinos y los disparos de civiles armados. Todo esto demostró no solo la incapacidad del ministro, sino la forma errada y errática de las decisiones del gobierno. Otra razón la constituyeron los señalamientos de participación en el narcotráfico de todo tipo de personal bajo su mando. Por eso la decisión presidencial se explica, aunque es tardía. En otros países cargos como el ministerio (o secretaría) de Gobernación y de la Defensa son ejercidos por civiles, para de esa forma no manchar a las instituciones castrenses con los vaivenes de cargos políticos.

Pedro Brolo debió haber sido hecho a un lado desde hace mucho tiempo. Es más: nunca debió haber aceptado el cargo, para el cual no tenía experiencia por no comprender las sutilezas de la diplomacia y sus términos en el lenguaje y las acciones. Por supuesto, se habla de su retiro por razones personales, pero eso podría significar su participación como candidato para el año entrante, lo cual simplemente sería un nuevo error. Ahora se va con un premio presidencial otorgado por su amigo Giammattei: la representación de Guatemala en el Banco Centroamericano de Integración Económica. Pero la realidad es otra: el equipo tomador de decisiones del gobierno, integrado por dos personas más el pacto de corruptos, lo dejó en el aire en cuestión de pocas horas.

La cancillería fracasó en lograr un programa de entrega de vacunas contra el covid porque no tuvo efecto su viaje a Moscú con ese fin. Las vacunas han estado llegando, pero el combate a la pandemia ha sido exitoso gracias a la donación de países amigos. Invocó la Carta Democrática de la ONU, pero lejos de recibir apoyo salió regañado. Las tragedias más grandes de los emigrantes (Tamaulipas y Chiapas) solo merecieron notas de protesta. Los consulados, al ser cerrados por la pandemia, dejaron sin servicios a los guatemaltecos, y por último, la reacción ante el G13 no estuvo a la altura de la gubernativa. No quiso sumar esos errores y se olvidó de la posibilidad de renunciar antes.